1/8/12

Ofensiva contra la Iglesia Católica: (IV) Defensa contra la agresión impune

El fenómeno de la persecución anticatólica no es nuevo, es un hecho cierto que suele coincidir con ambientes totalitarios y dictatoriales donde se busca borrar el culto a Dios y todo lo que dimana de éste. Históricamente, son los tiempos en los que los cristianos refuerzan su fe y su testimonio.

Cristianos iraquies denuncian la persecución en Irak

La rapidez, inmediatez y facilidad para difundir información y transmitir ideas vuelve banal la vida en un mundo global, y la somete al Dios del materialismo, al yoismo, a la pachamama o madre tierra, o al deseo de los ojos. Algunas personas montan su propia religión, sus devociones y sus dioses, olvidando por completo principios, enseñanzas y tradiciones. En algunos países, muchas veces la particular forma de pensar del representante público de turno se impone a los demás y, en consecuencia, el pensar diferente puede ser causa de muerte o extradición. Este imponer la ideología del pensamiento único, vulnera derechos inalienables fundamentales como el de libertad religiosa. La imposición, además de ser ilegal, acaba siendo una pobreza para el pueblo.

La Fundación Copta de Derechos Humanos y la ONG Solidaridad con los cristianos de Egipto denuncian continuos abusos, desapariciones, asesinatos y persecución de cristianos en el país del Nilo. Desde la primavera árabe, más de 1.600 mujeres cristianas han sufrido atentados contra su integridad y sus derechos, llegando a su captura para obligarlas a casarse y convertirlas al Islam.

En España están germinando ataques permanentes a las iglesias, a sus dogmas, a sus instituciones, a sus ministros y a las imágenes religiosas más veneradas, con profanaciones de sagrarios, agresiones verbales, boicoteos en las manifestaciones públicas como procesiones y Jornadas, manipulación en las informaciones manejadas por medios de comunicación… Bien evidente fue el caso de los ataques a los peregrinos de la Jornada Mundial de la Juventud en Madrid y en otros puntos de España. Más próximo en el tiempo y fuera de todo guión, unos totalitarios agreden la imagen de la Virgen Blanca en la Universidad Complutense aprovechándose de la marcha minera sobre Madrid.

O, en Melilla, se realiza un montaje burlesco sobre el Cristo de Mena, el Cristo de la Legión, que contó con la subvención económica del gobierno del PP. Una mofa más que se suma a las exposiciones periódicas de cuadros ofensivos sobre la semana santa. Sin olvidar, el inadmisible y reiterado uso del lenguaje, de imágenes u otros símbolos religiosos, con fines comerciales, políticos o ideológicos, ajenos por principio a su naturaleza y finalidad, y que es rechazable, lo mismo que aquellas coacciones y amenazas que buscan limitar o impedir la enseñanza y la profesión pública de la fe de las personas y de los grupos religiosos.

Los ataques suelen acompañarse de hechos vandálicos contra la identidad religiosa y cultural, contra el testimonio de fervor y veneración, contra las muestras del espíritu de libertad y de reconciliación del pueblo de Dios. Son acciones en contra de personas, lugares y símbolos católicos y de otras denominaciones cristianas, realizadas para vulnerar el sentimiento católico de la mayoría del pueblo, que desdicen del espíritu de respeto, tolerancia o afecto hacia lo religioso que es tradicional entre nosotros, que atentan contra la convivencia pacífica e inciden negativamente en el clima de la seguridad ciudadana, y que ponen en peligro el disfrute del derecho fundamental a la libertad religiosa y de conciencia consagrado en la Constitución.

¿Por qué estos ataques permanecen impunes? ¿En su defensa, qué deben hacer los agredidos? ¿Hay solución para este problema?

La pasividad agrava la impunidad

El ataques se orienta a sustraer el alma de nuestra cultura, a provocar su decadencia e imbuir una actitud de impasibilidad y de resignación ante lo “inevitable” del coste del progreso de la sociedad aconfesional en la que todo vale. Pasividad, permisividad, negligencia, complicidad y falta de determinación de unos poderes públicos que acaban por desproteger los derechos de quienes profesan la fe cristiana. Esa pasividad y ese asistir inermes a los ataques, vengan de donde vengan, tiene trascendencia para la difusión de los valores del Evangelio y de su mensaje de salvación en todos ámbitos donde transcurre la vida de la persona y en pos de su reconocimiento social en el camino de una sociedad más justa y libre. Insensibilidad y pasividad que favorece la impunidad de los agresores.

El 18 de abril de 2007, se producía un ataque a una imprenta de Biblias en Malatya (Turquía). Tres cristianos turcos fueron atados a sus sillas, torturados y apuñalados varias veces hasta ser finalmente degollados. Las autoridades juzgaron a cinco sospechosos de matar a los cristianos. Cinco años después, aún no hay condena.

La bondad o maldad de los progresos técnicos de la humanidad dependerá del uso que se haga de ellos y de los fines a los que se dediquen. La actual proliferación de medios de comunicación social –prensa, radio, televisión, cine, vídeo, teatro, internet- hace de éstos el primer lugar de propagación y transmisión de las ideas, y pueden ser los grandes aliados en una tarea educativa. La rápida difusión de ideas y su instantánea transmisión nos permite hoy hablar de la globalización del pensamiento. No podemos obviar que los medios se están convirtiendo en las primeras instancias morales, educadoras que dictan lo que está bien y lo que está mal, lo feo y lo bello, lo que debe hacerse o permitirse y lo que no. En ese contexto los medios de comunicación inspiran comportamientos, estilos de vida y maneras de comprender el mundo y a la persona, hasta el punto que un amplio sector de la población delega en ellos su capacidad de pensar por sí mismo. Pocas ideas o tópicos, repetidos hasta la saciedad, machacan a la persona, especialmente a niños y jóvenes, para que no sometan a éstas a un análisis riguroso, ni averigüen de dónde vienen, ni a qué intereses o intenciones responden, ni si responden a la realidad de los hechos. La acumulación de informaciones dificulta el espíritu crítico y va moldeando sus criterios, conductas y vidas y la visión que de ella van adquiriendo. Lo personal y la intimidad se va desmoronando e incluso, muchos padres delegan en los medios la responsabilidad de educadores prioritarios de sus hijos.

En esta sociedad saturada por la variedad de medios de comunicación, y por tanto de canales para hacer llegar a la opinión pública su voz, se da la paradoja de que muchos católicos permanecen en gran parte mudos, facilitando la impunidad de las agresiones anticristianas. De manera progresiva, se han acostumbrado a convivir con ellas y las han instalado en su vida cotidiana. A menudo, medios proclives al cristianismo manifiestan temor, o como mínimo tibieza, para alinearse al lado de la Iglesia, y tratan temas que afectan a la Iglesia con una calculada ambigüedad, dando una de cal y otra de arena, y se muestran cicateros en el elogio o en el reconocimiento de la labor positiva de la Iglesia a favor de los más desfavorecidos, en educación, con los enfermos, en la promoción de los valores sociales y económicos y en la defensa a ultranza de todos aquellos valores en los que se asienta la dignidad humana. Otros medios menos proclives, en clave de humor, tratan de minar los fundamentos cristianos que han tejido nuestra historia y cultura con sus gestas heroicas y tragedias, con sus aciertos y errores, con sus épocas de esplendor y decadencia.

Hacer visible a la victima

Es innegable que algunos medios de comunicación social bombardean a diario la concepción cristiana de la vida y del hombre con ataques directos contra la Iglesia, para crear una atmósfera cada vez mas contraria a los valores del humanismo cristiano, y para acentuar el vacío existencial que amenaza al ser humano de hoy, y que es origen de lacras como las drogas, el alcohol, la promiscuidad sexual, las enfermedades mentales, la incapacidad para mantener la fidelidad conyugal...etc.

En este mundo global los ataques están perfectamente programados para anular, eliminar o enviar a las catacumbas al creyente, y a las víctimas no les queda otra que levantar su voz y hacerse escuchar. Para tal cometido, los medios de comunicación constituyen un desafío, un campo difícil y competitivo del que no se puede prescindir por la gran labor que desempeñar en el adecuado desarrollo social y democrático. Se necesita capacitación, un esfuerzo de aprendizaje, para responder a la nueva situación donde los imprescindibles medios de comunicación son un campo difícil y competitivo y donde, ante el gran desafío el obtener el reconocimiento social a los principios cristianos, no cabe inhibirse en los debates que se vayan planteando. No podemos obviar que esos mismos medios de comunicación pueden convertirse en instrumentos de manipulación, de odio, mentira, calumnia, y encubrimientos al servicio de intereses económicos y políticos ilícitos de determinados sectores o personas, llegando a desinformar en vez de informar, a deformar en vez de formar.

Desde que en 1883, The New York Sun iniciara el sensacionalismo, miles de medios de comunicación sucumben ante esa tentación

Sin duda, los medios son el primer lugar de propagación y transmisión de las ideas, y buena parte de ellos se declaran adversarios o son utilizados por los enemigos de la Iglesia para conformar un ambiente contra ella. Día a día, con fórmulas sensacionalistas, de escaso contenido y rigor, crean fácilmente un estado de opinión pública errónea y contraria a la Iglesia que es muy difícil corregir,, de acuerdo con el principio de “Calumnia, que algo queda”. Tratan de dar una visión deformada o desinformada contra la Iglesia, sus ministros o sus declaraciones, a tal objeto se hacen juicios apresurados o se mantienen silencios cómplices ante los ataques desmesurados o las mentiras manifiestas que se vierten contra ella. Repetido esto una y otra vez contribuye eficazmente a denigrar y a poner bajo sospecha a la Iglesia cada vez que surgen cuestiones que la atañen directa o indirectamente. A diferencia del pasado, los modernos instrumentos mediáticos confieren a la actual persecución y ataques una mayor resonancia por la inmediatez y la universalidad de su alcance. Es el sectarismo y la tendenciosidad que se opone al disentir y a la crítica razonada.

Los medios, también, pueden ser aliados, Para su función pastoral y evangelizadora, la Iglesia ha de servirse de ellos, tal y como ha hecho con los medios adecuados de cada época. Con la imagen –arte, pintura, escultura en pórticos, fachadas, retablos y manuscritos iluminados- se podía dirigir a una población en su mayoría analfabeta. Con la imprenta, los amanuenses fueron sustituidos para difundir su doctrina y la cultura a través de libros y demás textos impresos, acortando las enormes distancias geográficas.

¿Por qué no miramos a otras sociedades o grupos de creyentes? Sin elogiar posturas extremas, ¿qué pasa cuando un medio de comunicación social se mete contra los judíos o los musulmanes? La reacción suele ser contundente social y económicamente (casos IBM, Telefónica, o BBC) y la retractación inmediata por parte de quien ha hecho el ataque. Si se declara delito el antisemitismo ¿por qué no se declara el anticristianismo? No se puede confundir la tolerancia y el respeto a otras creencias con la indefensión y la falta de exigencia de respeto a las propias.

La réplica como defensa

Cabe ahora preguntarse cómo nos defendemos y cómo se defiende la Iglesia ante las informaciones parciales e incompletas, ante el acoso y la generación de críticas poco rigurosas que, hábilmente manipuladas, en algunos casos, consiguen dar una imagen muy desfavorable de la Iglesia, de sus ministros o de sus actuaciones. Sin duda, Jesús nos da la respuesta en la parábola del administrador infiel: «los hijos de este mundo son más astutos con los de su generación que los hijos de la luz» (Lc.16, 8).

Ante cualquier cuestión se tarda, habitualmente, días o semanas en responder, sin que la respuesta sea la adecuada y ceñida a una estrategia. Se responde, frecuentemente, sin mucha contundencia, con un lenguaje poco asequible para el hombre de la calle, con largos y densos comunicados, poco atractivos, que no captan el interés o la atención de lector u oyente. Al final solo un reducidísimo grupo de personas, ya convencidas, son las que los leen o escuchan hasta el final.

La defensa de las posturas de la iglesia la suelen hacer los obispos o algún ministro ordenado y, salvo excepciones como «Gonzalo de Berceo», los laicos preparados en el campo de las comunicaciones sociales, que estén preparados para salir a la calle a dialogar, analizar, argumentar, explicar y defender las posturas, opiniones o pensamiento de la Iglesia en las distintas cuestiones planteadas, no suelen actuar de portavoces. Sería deseable una mayor participación en conferencias, debates y reuniones. Otro hándicap es no lograr una mayor voz unitaria de los numerosos movimientos y asociaciones de fieles laicos que, a pesar del gran número de personas asociadas, no tienen una mayor y activa presencia en los medios, y circunscriben su defensa a charlas en una sala de conferencias o a quejas en la sobremesa en la propia casa.

A pesar de la permanencia del ataque organizado, las exiguas réplicas producen una sensación de desánimo, resignación, impotencia y desorientación entre algunos católicos, que acaban por creerse todo lo que les cuentan los medios de comunicación, incapaces de formarse una opinión que responda a la verdad de los hechos. Se va creando así una especie de complejo de ser cristiano y de opinar en cristiano, como si eso sólo sirviera para el ámbito de lo privado, para el interior de las iglesias y para nostálgicos de tradiciones pasadas pero inservibles para los tiempos modernos. Sin embargo, aunque no todas las opiniones son igual de buenas y válidas, nadie se debería dejar arrastrar en sus juicios por el relativismo moral imperante en todos los campos.

Propuestas de información y diálogo

Para hacer llegar sus propuestas, explicar sus posturas y propiciar un diálogo que lleve a un mayor y mejor entendimiento entre las distintas partes, la Iglesia tendrá que abandonar su permanente actitud defensiva que la muestra con una cierta debilidad, y le hace perder la iniciativa en las cuestiones que salen a debate público y que la atañen directa o indirectamente. Ni debería esperar a que se viertan contra ella o contra sus actuaciones todo tipo de juicios y opiniones muchas veces faltas de rigor y veracidad. Por el contrario, debería prever lo que va a saltar a la actualidad, tener a punto sus comunicados de respuesta inmediata en todos los medios posibles, en un plano de igualdad con los que no piensan como ella o la critican.

Si importante y decisiva es la forma de expresar su pensamiento en los medios, su lenguaje de respuesta ha de ser más ágil, claro, directo, conciso y oportuno, evitando la apariencia de catequesis en sus comunicados. En una polémica se ha de valorar el factor oportunidad en la respuesta, no siendo necesario esperar más tiempo a tener elaborado un complejo documento con toda suerte de matizaciones.

Las manos entrelazadas, un símbolo que da sentido a la unión contra los ataques anticristianos

Es el momento de reforzar e incrementar la presencia de los católicos en los medios de comunicación, tanto de forma permanente como esporádica, a través de los canales habilitados para ello (cartas al director, colaboraciones, entrevistas...). Conseguir que los medios de comunicación sean respetuosos con lo católico, implica crear puentes entre los obispos y la gente de la calle, significa reforzar, o crear en su caso, equipos de comunicadores profesionales capaces de pulsar continuamente la opinión pública, y de prevenir lo que se dice o se va a decir en los medios para tener a punto comunicados propios, que sinteticen y traduzcan al lenguaje corriente el pensamiento de la iglesia en un momento dado. «Un periodista no puede ser un buen profesional sin apreciar la importancia de la religión en la vida humana» -según Monseñor Foley. Así se comprendería mejor el fenómeno de los fundamentalismos, se entendería en todo su alcance las declaraciones de la Iglesia, y se facilitaría una información con un mínimo de rigor que evite tópicos y argumentos completamente obsoletos, fácilmente desmontables desde la honradez profesional.

La creación y financiación asequible de periódicos, revistas, canales de televisión, y emisoras de radio de asociaciones católicas, permitiría a la Iglesia expresar de forma continuada su necesaria opinión sobre cualquier tema.

Sin duda, ante situaciones de manifiesta agresión contra la Iglesia, se imponen medidas de presión como las denuncias y recursos por el incumplimiento y no aplicación de la legislación vigente y de los derechos y libertades fundamentales; como el rechazo a los medios hostiles a la Iglesia, negándoles nuestra audiencia y seguimiento, así como a las marcas comerciales que los patrocinan.

Sin olvidar, como dicen Jesús Sáiz Luca de Tena y Mercedes Soto Falcó, que nuestra respuesta valerosa y oportuna a las agresiones se inspiren en el precepto evangélico IN OMNIA CHARITAS, para que, desde la humildad, nos guie en la búsqueda del criterio justo que nos permita corregir errores y conocer a fondo la situación denunciada.

Leer más...

24/7/12

Ofensiva contra la Iglesia Católica: (III) La planificación de los ataques

Coincidiendo con el inicio de la campaña de la Renta, buena parte de la izquierda exquisita arremete contra la Iglesia Católica en un impulso imposible de desechar, en una nueva muestra de su tendencia totalitaria. Pasada la campaña, el tema del IBI y del IRPF cede su testigo a otras cuestiones en el contexto de la permanente campaña de los exquisitos por la desestabilización del país.

El 8 de marzo de 2010 aparecieron más de 500 cristianos asesinados en Nigeria. Aspecto parcial de la fosa común de DogoNahawa

Quizás, en alguna ocasión, se habrán preguntado: ¿de dónde provienen las agresiones a la religión católica en los medios de comunicación y en otras instancias? ¿Quiénes están detrás de las mismas y quiénes son sus autores? ¿Quiénes les dan cobertura? ¿Cuáles son sus motivaciones? ¿Cuáles son sus tácticas? ¿Por qué permanecen impunes estos ataques? ¿Cuáles son sus victimas? ¿Cómo se debe responder ante las agresiones permanentes a la Iglesia, a sus dogmas, a su liturgia, a sus devociones, a sus tradiciones, a sus instituciones, a sus ministros, a sus religiosas y religiosos, a sus creyentes, a su jerarquía y especialmente al Papa, a sus declaraciones o documentos, y a su estética? ¿Existen propuestas para resolver el problema o se ha de permanecer insensibles o pasivos?

Pero, ¿esos ataques son exclusivos de nuestro país? Ciertamente NO. Ahí tenemos las matanzas casi diarias de cristianos en África, Oriente Medio, Asia. Nigeria, Irak, Siria, Gaza, Corea del Norte o China son territorios especialmente propensos a la agresión y al atentado. Poco importa que los asesinos sean islamistas radicales, fundamentalistas hindúes o budistas, comunistas o ateizantes. Se trata de una embestida mundial contra el cristianismo, contra la Iglesia católica que se relanza con cualquier pretexto. Veamos algunos testimonios.

Identificar al atacante

Al inicio de este artículo hemos visto sobre quienes recaían los ataques contra la Iglesia Católica. ¿Se puede identificar a los autores de estos ataques? Por supuesto que sí, a los agresores los encontraremos dentro y fuera de la Iglesia.

En su interior, algunos teólogos y asociaciones de teólogos y algunos sacerdotes que disienten en ocasiones de las enseñanzas de la Iglesia. Ciertos movimientos se sitúan en la frontera de la ortodoxia. Algunos cristianos que son responsables de la organización, y programación de programas en radio y televisión, como son informativos, entrevistas, conferencias, debates; y columnistas, periodistas, escritores, intelectuales y artistas que escriben en periódicos o participan en programas, debates..., contribuyen en esta tarea. Y también ponen su granito de arena, aquellos miembros de la iglesia, que callan o permiten estos ataques.

En Il Giornale de 11 de abril de 2010, en su artículo Esto hay detrás de los ataques contra Ratzinger, el periodista y escritor Andrea Tornielli hablaba de clérigos que no están de acuerdo con el pontificado de Benedicto XVI. Entre otras, encontraba la evidencia de la Carta abierta del teólogo Hans Küng a todos los obispos del mundo (15 de abril de 2010) que, sin citar ningún texto, invitaba a los pastores y a los fieles a rebelarse contra el Papa Benedicto XVI.

Desde fuera, encontramos aquellas personas que se declaran no creyentes o al margen de la Iglesia y que tienen acceso, utilizan o trabajan en cualquiera de los medios de comunicación, que siempre buscan escándalos para vender y tratan de hacer recaer la responsabilidad de los mismos al entorno más cercano al Papa. O aquellas sectas manifiestamente hostiles a la Iglesia Católica. O los lobbies que pretender limitar la autoridad moral del Vaticano y lanzan continúas denuncias y campañas de cartas, cuya intensidad no desciende sino que se intensifica. Y cita Andrea Tornielli la declaración del cardenal Angelo Bagnasco, presidente de la Conferencia Episcopal Italiana: “Parece que hoy cada acto del Papa irrite ciertos ambientes” y concluye Tornielli que todos estos ataques “tienen por objetivo minar la credibilidad moral de la Iglesia en la opinión pública”.

El senador agnóstico Marcello Pera, que fuera presidente del Senado Italiano, saluda al Papa Benedicto XVI

El senador Marcello Pera (agnóstico), en una carta al director del Corriere della Sera de Milán, aparecida en la pág 23 del día 17-03-2010 y titulada Una agresión al Papa y a la democracia, afirmaba que “está en curso una guerra”, en la que “Lo que importa es la insinuación, incluso a costa de lo grosero del argumento: los sacerdotes son pedófilos, por tanto la Iglesia no tiene ninguna autoridad moral, por ende la educación católica es peligrosa, luego el cristianismo es un engaño y un peligro”.

En su artículo “Justicieros” publicado en ABC, del 4 de abril de 2010, el poeta, novelista, columnista y ensayista judío Jon Juaristi señalaba que “no es necesario ser católico para ver hacia dónde apunta la campaña mediática contra el Papa”. Mencionando su carta a los obispos irlandeses, expresa el escritor vasco que “Los actos de pedofilia son un puro pretexto para acorralar a Benedicto XVI. Y es que sólo el Papa y la Iglesia se han tomado en serio este asunto”. “No soy católico, dice Juaristi, pero ni a mí se me escapa la inmensa talla moral del actual Pontífice”. Y añade: “el justicierismo supone siempre la corrupción del sentido de la justicia”, y “el blanco de los ataques ya no lo constituyen los curas pederastas y los obispos encubridores, sino el Papa, contra el que se ha movilizado la progresía justiciera”. Esos ataques de medios influyentes tienen por finalidad “vender, y sacar a los católicos de la esfera pública”. Concluye que “como en este caso no parece que vaya a funcionar el principio de que, herido el pastor se dispersarán las ovejas, es previsible que la campaña arrecie durante algún tiempo”.

Para no extendernos más, el cuarto testimonio proviene del primer alcalde judío de Nueva York, Ed Koch, quien escribió El que esté libre de pecado en el Jerusalem Post.

El soporte del ataque

Quienes llevan a cabo sus ataques y agresiones buscan una caja de resonancia para sus acciones, se sirven de diferentes medios de comunicación: diarios, revistas, radio, televisión, Internet, y se relacionan y se amparan en el mundo de la literatura, el arte, el cine o el teatro. Los ataques aparecen tanto como información general, artículos de opinión, editoriales, columnas, entrevistas, debates, mesas redondas, programas de humor.

La paradoja se suele dar en aquellos medios de comunicación que son propiedad de personas próximas a la religión, o al menos no contrarias, que emplean y pagan a los profesionales de la comunicación que manipulan, mienten y hacen o deshacen contra la Iglesia.

Las Motivaciones de instigadores y atacantes

Todas estas agresiones ¿son fruto de un anticlericalismo sin más, del que en España, por cierto, hay una larga tradición? ¿Responden a experiencias personales negativas que no han podido digerirse? ¿Obedecen a un pasado histórico sobre el que todavía no se es capaz de tener una visión objetiva?

A bombo y platillo, estos sectores manifiestan que la Iglesia Católica no tiene peso en la sociedad española actual. Sin denuedo, atacan sus posiciones en determinadas cuestiones porque éstas siguen siendo incómodas para muchos, que desearían una Iglesia más condescendiente. La denuncia sistemática de las bolsas de pobreza de nuestro país, del escándalo de enriquecimiento fraudulento de algunas personas o entidades; su desacuerdo con la nula política de protección y ayuda a la familia; su enfrentamiento con la promoción de una educación que favorece la promiscuidad entre los jóvenes, su defensa de la vida y de su protección desde la concepción y la no aceptación de la eutanasia. Unas posiciones que molestan, y mucho, a quienes practican la ingeniería social propia de la incultura de la muerte y del odio.

Sin duda, la búsqueda de la Verdad con mayúscula no tiene mucha aceptación en sociedades hedonistas y materialistas, ni en el entramado de intereses políticos y económicos en el que éstas se mueven. Así pues, ante el relativismo imperante, donde ninguna verdad es definitiva y absoluta y la opinión de ciertos sectores es ley, resultante bastante lógico que la popularidad de la Iglesia en estos medios ande en cotas muy bajas.

Estrategias y tácticas

Para justificar los ataques y agresiones han elaborado la estrategia de negar a la Iglesia cualquier derecho a defenderse y la de presuponer su culpabilidad en cualquier cuestión que ellos planteen.

Si ejerce su derecho de defensa, se tacha a la Iglesia de victimaria, de cultivar la cultura de la queja o de repetir tics extemporáneos. En definitiva, la estrategia consiste en ridiculizar su derecho a defenderse, lo que no se hace con ninguna otra institución.

A la Iglesia se le piden toda suerte de explicaciones para que demuestre su inocencia, en lugar de que ellos demuestren su culpabilidad. Es decir, actúan como estuviésemos en una dictadura y ellos fueran los dictadores, que se arrogan el derecho absoluto de establecer lo que está bien y lo que está mal en contra de la opinión de la Iglesia. Se erigen en jueces infalibles resolviendo muchas veces las cuestiones más arduas por medio de juicios sumarísimos.

Negar el derecho de la Iglesia a tener sus propias normas

Con frecuencia, leemos o escuchamos declaraciones de personas de cierta popularidad que ponen en tela de juicio la doctrina de la iglesia, sin disponer desde el campo de la doctrina de argumentos serios sobre las cuestiones religiosas tratadas y que dejan entrever una profunda ignorancia sobre ellas, por lo que suelen recurrir a la ironía, la burla, el sarcasmo, el descrédito, el desprecio y la desacralización. Esta frivolidad y superficialidad en temas específicamente religiosos es especialmente lacerante en programas de televisión donde, con una absoluta falta de respeto a la sensibilidad religiosa de muchas personas, se ataca a personas de la jerarquía de la iglesia y a aspectos de la doctrina católica.

A tal fin, se favorece cualquier diatriba contra la Iglesia apoyando a los que disienten abiertamente contra ella, sean individuos o movimientos sociales. Sistemáticamente, asocian el nacionalcatolicismo, al que tratan de forma peyorativa, con el franquismo, mientras ignoran, silencian o falsean el hecho de los incendios y destrucción de iglesias antes y durante la guerra civil de 1936-1939, y niegan la condición de mártires a los miles de personas asesinadas por su condición de cristianos confesos, de religiosas o de religiosos, de sacerdotes y obispos.

Carod Rovira y Pascual Maragall, dos de los personajes que han contribuido a la quiebra de Cataluña, se mofan de la corona de espina en una visita a Israel pagada por la Generalitat catalana

Niegan a la Iglesia todo derecho a opinar sobre cuestiones temporales y a participar en la esfera pública; por tanto, dejan circunspecta la práctica de la religión a la esfera de lo privado y relegan la fe y la doctrina católica a unas nuevas catacumbas. Niegan, incluso, el derecho de la Iglesia a elaborar normas destinadas a sus fieles.

Al identificar el progreso con el aborto, la eutanasia, los matrimonios de homosexuales, o la equiparación de las uniones de hecho a las formas de familia tradicional... acaban tachando de reaccionaria cualquier discrepancia con esa identificación y arremeten contra la postura de la Iglesia.

El discurso del atacante

El acosador montar su discurso escogiendo aquél tema que más perjudique a la Iglesia y lo exprime hasta el límite en artículos, editoriales, entrevistas.

La excepción, el pecado o error de algunos, los hipertrofian de forma deliberada, tomándolos como norma general dentro de la iglesia. Con harta frecuencia, si no siempre, recurren a la calumnia, la mentira o el infundio, sin preocuparse de contrastar ni comprobar la veracidad de la información. Su táctica consiste en verter una información negativa sobre algo o alguien, cosa que es muy fácil, para dejar al agredido la demostración de la verdad, que requiere un gran esfuerzo y tiempo, aunque gran parte del daño queda ya hecho de todas las maneras. En muy pocas ocasiones, rectifican una información y, en este caso, los suelen hacer de manera solapada en un pequeño recuadro de no se sabe qué página.

En la búsqueda de mayores efectos a la larga, los ataques se vuelven más sútiles denigrando de forma indirecta, por ejemplo la estética de la Iglesia. Si la idea de Belleza y Bondad fueron consideradas siempre como un reflejo de la Belleza y Bondad divinas, ahora se procura eliminar esta inspiración sustituyéndola por el feismo gratuito e intrascendente o recurriendo a tácticas esperpénticas. Un ejemplo reciente lo tenemos en el supuesto rostro de Jesús confeccionado por un sedicente antropólogo y que los medios de comunicación se apresuraron a publicar.

El uso de fórmulas sensacionalistas y de escaso contenido y rigor facilita la creación de un estado de opinión pública errónea y contraria a la Iglesia, y que, de acuerdo con el principio de “Calumnia, que algo queda”, se hace difícil corregir.

Leer más...

30/6/12

Ofensiva contra la Iglesia Católica: (II) El IBI y la alianza social-comunista-atea-laicista y de otros colectivos exóticos

Seguro que, en más de una ocasión, han podido ver a uno o varios pobres pidiendo a la puerta de una iglesia, o acudiendo a una parroquia en busca de ayuda. Y estoy seguro que casi nunca habrán visto a un pobre a la puerta de un partido político, de un sindicato, de la patronal, del Congreso de Diputados o del Senado, de las Asambleas o Parlamentos autonómicos, de un ayuntamiento, de un banco, de una logia masónica o de las Fundaciones deportivas, culturales que existen en este país. Ningún necesitado se acerca por esos pagos por temor a que les puedan desamortizar –robar- sus escasas pertenencias o que los echen a patadas por afear el entorno de tales edificios.

Los mendigos no han cesado de aumentar en nuestras ciudades. Ahí están, por más que desviemos la vista hacia otro lugar

Si a la puerta de una iglesia te acercas a hablar con ellos, te lo agradecen y muestran su queja de que cada día son más personas a pedir mientras decrece el número de donantes. Algunos, cuando solicitan una ayuda, aclaran que no es para vino, opiáceos u otros vicios. Es tal el tamaño de la crisis y el clima de pesimismo, que si un necesitado espera recibir algo va a lo práctico, acude a la Iglesia hasta que pueda ver la luz al final del túnel, por más que el PSOE, IU o sus adláteres nacional-independentistas digan lo contrario. Intuyen que, para ver la luz, se ha de salir del déficit público, de la quiebra autonómica, del agujero financiero y del sometimiento a la prima del riesgo.

La actual campaña contra la Iglesia Católica se inscribe dentro de una oleada de desinformación para condicionar a la opinión pública. A base de falacias y mentiras se pretende crear la imagen de que la Iglesia goza de privilegios con la intención de no reconocerle su actividad de carácter altruista y sin ánimo de lucro. Ese ataque es una cuestión artificial planteada como uno de sus pilares electorales por parte de una izquierda caduca, pero mientras arrecian en sus ataques a la Iglesia, sacerdotes, religiosas y laicos continúan trabajando en silencio en su tarea de atender las necesidades de quienes pasan hambre a diario y se les ofrece alimentos en comedores sociales o mediante dotes semanales; de atender a todo tipo de necesitados, marginados y grupos en riesgo de exclusión social; de ofrecer formación a jóvenes conflictivos; de ofrecer cobijo y ayuda a los inmigrantes y de arroparlos como a personas; de procurar ayuda financiera en casos extremos; de las personas mayores durante las 24 horas del día como es el ejemplo de las Hermanitas de los Pobres y sus asilos, de asistencia en centros de infecciosos, de hospitales de sida o de leproserías. Una actuación religiosa, sanitaria, social, cultural y educativa de primer orden que cuenta con el apoyo de cientos de miles de voluntarios y de los más de once millones de personas que acuden semanalmente a Misa y que se configuran como los donantes particulares a esa ingente obra.

Una izquierda periclitada que utiliza sus juventudes como ariete en su ataque a la Iglesia Católica, de acuerdo con el proyecto de ingeniería social y de hundimiento de la Iglesia diseñado por Rodríguez Zapatero y Rubalcaba. El PSOE se parapeta en los videos y en las acciones de las Juventudes Socialistas para “terminar una situación de privilegio”. A este grupo de cínicos no les importa, ni muestran reparo alguno que, en los Ayuntamientos o CCAA que ellos controlan, las asistencias sociales deriven “a sus necesitados” hacia Caritas y otras iniciativas cristianas. En su hipocresía, determinarán que “la caridad y solidaridad son atributos individuales no de carácter público”.

He podido comprobar a lo largo de mi experiencia personal cómo las asistencias sociales de ayuntamientos socialistas se han limitado al pago de billete de tren a “sin techos” para enviarlos de Barcelona a Madrid o a Andalucía. También, he visto los golpes recibidos por estos transeúntes antes de ser depositados en un tren para que recuerden en qué poblaciones no han de volver en su vida. Recuerdo la negativa de éstos a ser llevados a un hospital para que les certificaran las lesiones y, posteriormente, poder presentar denuncia. Recuerdo su mirada de pavor y su deseo de huir de esa ciudad. En otras ocasiones, la única solución aportada a los necesitados por los servicios sociales de ayuntamientos progresistas ha sido remitirlos a Cáritas de la población para que fueran atendidos. He acompañado en múltiples ocasiones al sacerdote carlista Ángel Cuadrado a socorrer a estos humillados de la vida, muchos de los cuales recalaban en su piso de la calle Minería de Barcelona hasta que podían tomar un nuevo rumbo en sus vidas.

Los españoles atendidos por Cáritas suelen ser el 40% del total de su asistencia. En 2007, atendió a 400.000 españoles, en 2010 recibió 6,5 millones de peticiones de ayuda y en 2011 atendieron a un millón de españoles en situación precaria y extrema.

Para imponer su incultura de la muerte y del odio, esa izquierda hundida que se alimenta a golpe de subvención, no sabe ahora cómo salir de su propia embestida y trata de ver cómo puede recular, porque, de entre sus propias filas, les han salido respondones que no aceptan participar en la persecución a la Iglesia Católica. Socialistas como el alcalde de Lérida, Ángel Ros, o el alcalde de Tarragona, José Félix Ballesteros, se han opuesto públicamente a cobrar el IBI a la Iglesia. Sin embargo, el PSC en Tarragona, con su clásico oportunismo, se alinea con ICV para reclamar el pago del IBI a la Iglesia. El Alcalde de Sabadell, Manuel Bustos, ha manifestado que “la Iglesia sólo tribute por sus actividades económicas y no por todos los inmuebles de su propiedad”.

El PSC para justificar el por qué no pagan el IBI de buena parte de sus propiedades alega que “Las formaciones políticas prestan un servicio a la democracia y a la sociedad”. Al final, el PSOE deja libertad de decisión a sus militantes.

En un nuevo intento de dividir a la sociedad, los socialistas de Rubalcaba y los Chaconistas y los comunistas más estalinistas han mostrado su irresponsabilidad y falta de seriedad. Ahora, parece ser que todavía no se han dado cuenta que de los inmuebles exentos del pago del IBI en España solamente el 5% pertenecen a la Iglesia. Saben que el meterse con la Iglesia les sale gratis y, al mismo tiempo, les sirve para hacer desviar la mirada de la sociedad hacia sus continuos desmanes y para que sean pocos quienes se den cuenta que no tienen claridad alguna de ideas ni argumentos consistentes para gobernar un Estado.

También, el radicalismo mostró su obsesion contra la Iglesia con esta pintada en la barcelonesa iglesia de San Joan

Flaca memoria de un PSOE que, en 2006, se jactaba del dinero público que entregaba a la Iglesia para sostener al Clero (144.242.904 €), que ya entonces no representaba ni la décima parte de lo que aportaba el trabajo de la Iglesia al Estado. Cuando en 2007, suprime la dotación a la Iglesia, las aportaciones voluntarias por IRPF pasan del 0,52% al 0,7%.

Una memoria débil para tan larga historia de hostigamiento a la Iglesia y para las actuales campañas permanentes de ataque a los representantes de la Iglesia y a los creyentes. A cada dificultad financiera del Estado, se acaba arremetiendo contra la Iglesia. En 1768, la reforma de Olavide expulsó a los jesuitas y confiscó sus bienes. La desamortización de Godoy, antes de la Guerra de la Independencia, confiscó entidades eclesiales como hospitales, hospicios, casas de misericordia y cofradías. En 1808, José Bonaparte confiscaba bienes eclesiales. Las Cortes de Cádiz, en 1823, decretaron la reducción del número de monasterios y conventos a un tercio de los existentes. La desamortización de Mendizábal, entre 1834 y 1854, confiscó todas las propiedades de monjes y frailes y parte de las del clero secular. Pero, Pascual Madoz, en 1855, realizó la más completa desamortización de bienes del clero, tanto regular como secular.

La consecuencia de las desamortizaciones fue el enriquecimiento de la burguesía urbana y rural. Hoy, parece ser más eficaz que las confiscaciones y expropiaciones las amenazas continuas de dificultar la financiación de la Iglesia. Veamos algunas de ellas: El arquitecto Oriol Bohigas, ex concejal y asesor del alcalde socialista de Barcelona, en mayo de 2002, pedía “que la Sagrada Familia sea el vestíbulo de la estación del Tren de Alta Velocidad”. En 2003, el Ayuntamiento de Córdoba, al mando de IU, quería expropiar un huerto a un convento de mojas carmelitas y se encontró con la protesta de más de 40.000 firmas y una oleada de correos electrónicos y tuvo que paralizar la medida.

En el ataque contra las carmelitas descalzas, le secundó el Ayuntamiento socialista de León en 2004, que frenó su intento ante la protesta ciudadana. El 4 de mayo de 2004, el ministro de Justicia, Juan Fernando López Aguilar, declaró la intención del gobierno de revisar la financiación de la Iglesia y de reformar el Acuerdo de 1979 entre la Santa Sede y el Estado por anticonstitucional. Días después, el 22 de julio, el ministro de Trabajo, Jesús Caldera, anunciaba que la financiación de la Iglesia “tendrá que acabarse algún día”. El día anterior a los Inocentes, el 27 de diciembre de 2004, uno de los portavoces del tripartito catalán, el comunista Joan Boada (ICV-EUiA), a través del Diari de Girona, pedía “una confiscación y posterior socialización de los bienes de la Iglesia”.

En 2005, el Ayuntamiento socialista de Esplugues del Llobregat, acosaba a un monasterio de dominicas amenazándolas con desahucios y expropiaciones que tuvo que bloquear ante la presión ciudadana.

Los ataques a Iglesias representan una parte importante del deterioro del patrimonio histórico y artístico de España, como esta decapitación de imágenes de la Catedral de Burgos

Ahora, el PSOE vuelve a la carga con la denuncia del Concordato con la Santa Sede que él no hizo a pesar de gobernar en España durante 20 años. Una acometida que tiene su núcleo en la falsa información sobre los Presupuestos del Estado, ya que la Iglesia ni se nutre de ellos ni de las ayudas que le da el Estado.

La Iglesia no tiene ningún privilegio en la cuestión del IBI: la Iglesia, como las ONG, sindicatos, partidos, embajadas, instituciones dedicadas a la protección de los derechos humanos, federaciones deportivas o asociaciones de utilidad pública, no paga IBI, ninguna lo paga. Donde tiene una protección derivada de los acuerdos con la Santa Sede es en los centros de carácter parroquial, no en instituciones lucrativas como tienen muchas comunidades de monjita para sobrevivir con la elaboración de pastas, que sí liquidan los impuestos correspondientes.

Qué pretende la financiación de la Iglesia:
1.- Sustento digno del Clero por parte de las Diócesis, para que se pueda dedicar a su misión pastoral y no tenga que realizar actividades ajenas para su sustento.
2.- El Estado recauda para la Iglesia, a través de la X en la casilla de la declaración, las aportaciones voluntarias de los contribuyentes, y no destina ninguna cantidad fija de los presupuestos generales desde el 2007.
3.- En cada ejercicio aumenta el número de personas que marcan la X, si bien el importe destinado desciende por la propia realidad de la crisis.
4.- Muchos de los sacerdotes jóvenes, por vocación al servicio de Dios, han renunciado a una profesión anterior bien remunerada por otra que no tiene horario y cuya jornada se extiende a lo largo de las 24 horas del día.
5.- Los feligreses quieren que el sacerdote esté disponible, que viva en condiciones dignas y que llegue a tiempo a los sitios, por lo que el sacerdote con su sueldo se compra el coche, paga la gasolina, el seguro, las revisiones y el mantenimiento.

Y recordar que, por ejemplo, el 90% de los gastos del PSOE y de la UGT lo pagamos todos los españoles, no sus afiliados que no llegan ni a cubrir el 10%. No pagan el IBI, ni el de sus empresas, fundaciones y otras asociaciones de las que disponen. Eso sí, todos los españoles les pagamos el 90% del coste real del mantenimiento de sus sedes, las facturas del despilfarro de sus viajes, banquetes y actos públicos, la parafernalia de unas organizaciones de las que nadie sabe el número de sus empleados, la cifra real de sus colaboradores, ni sus sueldos ni sus honorarios. Eso sí, ya se sabe lo que cuestan los liberados sindicales a las empresas de este país, la cifra de 1.815 millones de euros anuales. Y aquí funciona de nuevo la conspiración del silencio.

Leer más...

9/6/12

Ararat, un viaje al recuerdo

Atom Egoyan (El Cairo, 1960) dirige este metafilme intimista en el que no puede dejar de estampar su visión personal de un conflicto que le concierne, como canadiense de origen armenio que es.

La película Ararat está basada en la masacre de Van a manos del ejército turco en 1915. En el desarrollo de la acción se puede ver al fondo el Monte Ararat. Entre los actores del filme destacan Charles Aznavour, Christopher Plummer, y David Alpay.

Los protagonistas, interrelacionados, se encuentran precipitados a situaciones límite, con la piedra angular de la grabación de una película sobre el Genocidio Armenio de 1915, Ararat. Su director, Edward Saroyan, interpretado por el francoarmenio Charles Aznavour, que establece en la granada un símbolo del sufrimiento y la supervivencia armenia, aporta la visión nostálgica de una madurez en la que permanecen los traumas de una infancia rasgada por el genocidio.

Ani, Arsinée Khanjian (esposa de Egoyan en la vida real), asesora histórica del filme, ha estudiado la figura de Arshile Gorky, el pintor armenio emigrado a los Estados Unidos que tampoco pudo olvidar durante toda su vida el horror de ver morir a su madre entre aquellos otros 1.500.000 que también perecieron. La madre es la semilla de la identidad y el recuerdo y se muestra en el famoso cuadro de Gorky como una figura entre el aquí y el allá, la vida y la muerte, como símbolo de trascendencia a modo de una virgen María particular a la que se venera.

Ararat, el monte sagrado de los armenios, da nombre a la cinta y aparece en toda ella, como símbolo de anhelo. De igual modo, Armenia es un lugar ya ilusorio pero siempre presente en el recuerdo de aquellos que, como Raffi, el hijo de Ani, han nacido lejos de su tierra ancestral.

Trincheras de las tropas armenias en la defensa de la ciudad de Van

El filme se beneficia de grandes momentos de silencio, que aportan mayor dramatismo y angustia a algunas escenas; las de muerte y persecución se suceden como un mensaje constante.

Película centrada en una temática demasiado restringida para el gran público; si muchos todavía desconocen qué es o dónde se encuentra Armenia, ¿cómo esperar que conozcan su genocidio? Así, es un tributo a los mártires armenios y un llamamiento a aquellos que todavía no se hayan posicionado respecto a los crímenes turcos o, incluso, los desconozcan.

Minerva Katssenian

Leer más...