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16/4/15

17 de abril de 2015: Homenaje a los héroes catalanes de la guerra de la Independencia (1808-1814)

En un acto organizado por la asociación cívica Somatemps y el Moviment Cívic d’Espanya i Catalans, en el Hotel Barcelona Catedral, c/dels Capellans, 4 de Barcelona, a las 19 horas, se rendirá un homenaje a la memoria de los catalanes que lucharon en la Guerra de la Independencia (1808.1814).

Cartel del Homenaje a los héroes catalanes de la Guerra de la Independencia

A las 19 horas del día 17 de abril, el abogado y catedrático de Historia, Ramón Figueras Palacios, pronunciará una conferencia con el título de La verdadera guerra catalana por la independencia: El patriotismo hispánico contra las élites afrancesadas (1808-1814).

En este acto intervendrán los representantes D´Espanya i Catalans, Eduardo García González, y de Somatemps, Josep Alsina Calvés.

En Barcelona, el Monumento a los Héroes de 1809

A continuación, a las 20,30 horas, se realizará un homenaje y ofrenda floral en el Monumento a los Héroes de 1809, de la Plaza Garriga y Bachs, (c. del Bisbe Irurita, frente a la salida lateral del Claustro de la Catedral), y que se encuentra situada a unos cinco minutos del Hotel Barcelona Catedral.

Un acto de homenaje que se incluye plenamente en la tradición catalana de realizar ofrendas a los héroes. Homenajes como el realizado el 28 de junio de 1908 en Manresa, cuando las Juventudes Tradicionalistas organizaron un Aplech Patriotich en el “Centenari de la Guerra de l'Independencia”.

Cartel de 1908 en el primer centenario de la Guerra de la Independencia, ninguna mención a la terminología de "guerra del francés"

Un acto, como éste de Manresa, celebrado en una época en la que el nacionalismo catalán no había conseguido “inventar” la historia catalana de acuerdo con el plan separatista de los caciques de Cataluña (CdeC). Poco que ver con el momento actual que sufre la sociedad catalana en su conjunto, y, muy especialmente, todos los ámbitos escolares, desde la guardería hasta la Universidad.

Centros educativos sometidos a un plan de adoctrinamiento auténticamente delirante, apoyado por una parte de los medios de comunicación catalanes que han transformado su oficio informativo en una herramienta para alienar en el pensamiento único nacionalista mediante continuos mensajes ideológicos que producen auténtica vergüenza ajena.

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15/12/12

Separatistes, NO

En el artículo Separatistes, NO firmado como C.V. (Carlí Vallenc) y publicado el 15 de febrero de 1919 en Joventut núm. 6, Tomàs Caylà Grau se muestra contrario al separatismo, ni tan siquiera proclive a veleidades de este tipo. Pensaba que las fuerzas políticas separatistas intentan aplicar en su ámbito los mismos errores que el centralismo liberal aplicaba en toda España, entronizando un centralismo a menor escala. Un centralismo que se contrapone al foralismo carlista que conduce, por arriba, a la unidad de la Patria y, por debajo, a la afirmación de las personalidades sociales inferiores: comarca, municipio, distrito, barrio… Los fueros como conjunto de leyes y costumbres que regulan los derechos y las libertades, los deberes y las finalidades de la persona, de la familia y de los cuerpos intermedios de la sociedad. Son barreras ante los abusos del poder y cauce por donde discurrir las libertades de los españoles.

Tomàs Caylà i Grau, Vallenc Ilustre, que fue concejal del Ayuntamiento de Valls y Jefe Regional del Carlismo Catalán

Caylà, ejerció la abogacía en Valls y fue el impulsor de las publicaciones Joventut y La Crònica de Valls. Su producción periodística fue intensa y extensa desde 1919 hasta 1936, en que moriría asesinado. Reproducimos íntegro el mencionado artículo que, a pesar de los años pasados, vuelve a tener plena actualidad.

He aquí el texto en catalán:
    “En els actuals i difícils moments polítics en que es troba Espanya, amb el gran nombre de problemes que la post-guerra va plantejant i sobre tot amb el greu conflicte català, ens cal a tots els espanyols i especialment als catalans conservar la serenitat, per no portar les discussions i els idealismes per terrenys escabrosos amb equivocades actuacions i amb perilloses estridències.
    Es per això que nosaltres, pertanyents a un partit polític en qual programa hi va compresa l’obtenció d’una autonomia política plena per nostra catalana terra i quals treballs a son favor no poden negar-se, perquè per tan nobles ideals ha donat la sang de sos partidaris en els camps de batalla, hem de fer notar la improcedència de certes afirmacions separatistes que en un entrefilet de son últim número fa el setmanari nacionalista de nostra ciutat.
   No és pas el partidisme, sinó nostre gran amor a Catalunya, el que ens mou a fer tals afirmacions, perquè ens dol en l’ànima el veure que la gran i noble causa de Catalunya, què és la d’Espanya, és convertida en una culpable campanya separatista que de tenir realitat sols serviria per a entregar a nostra tan volguda terra en mans de l’Estat més centralista d’Europa.
    Cal que els que tal campanya emprenguin es capacitin de la greu responsabilitat que contreuen, doncs a més de contribuir al desviament de les masses catalanistes, omplen de recel i , allunyen de son costat als mateixos catalans, a la vegada que fan odiosa la causa de Catalunya als habitants de les demés regions espanyoles.
    Nosaltres creiem que l’entrefilet de Pàtria no obeeix al modo de pensar del confrare, i que ha estat escrit en uns moments de patriòtica exaltació, que de tots modos és sempre culpable, quan, com en el cas present, pot causar greus perjudicis a la causa que es defensa, i ho creiem encara més després de les terminants afirmacions del senyor Cambó declarant separats espiritualment del partit nacionalista als que donguesin cabuda a sentiments separatistes, doncs no volem creure que dit partit fes unes afirmacions i una campanya contraposada a Catalunya.
    Si així no fos, si la campanya iniciada per Pàtria continua, nosaltres considerarem al mentat setmanari com a enemic de Catalunya, i no podrem col.laborar amb sos elements per la causa de nostra pàtria perquè hi ha punts, i un dels tals és el del separatisme, en que no és possible la transacció.
    Enfront del “Visca Catalunya independent” símbol del separatisme, hi posarem sempre el de “Visca Catalunya espanyola”, disposats a defensar-lo en lo que necessari sigui en tots els terrenys, perquè no volem que els centralistes adquireixin el més mínim dret per a intervenir en sa defença dintre casa nostra”.

Caylà defendía que el foralismo carlista se contraponía al despotismo liberal de los nacionalismos, cuyas doctrinas autoritarias eran parecidas a las soviéticas y a las prácticas claramente fascistas. Por ello, reafirma la defensa de la autonomía sin perjuicio de la unidad española, de acuerdo con los principios tradicionales de una España regida por una monarquía federativa integradora de todos sus pueblos, a quienes unen intereses de orden histórico, económico, cultural, etc., para configurar un estado federal.
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21/8/12

Ramón Hernández Oter: Médico, carlista y humanista

Ramón Hernández Oter, médico y humanista, dedicó toda su vida profesional a la sanidad pública, ejerciendo la medicina en diversos lugares de España. En 1966 en La Rioja y, de 1967 a 1969, en Asturias donde realizó su especialización. De 1969 a 1978 ejerció en León, siendo nombrado Jefe de Servicio del Hospital General de León y, desde abril de 1978, en Tarragona. Especialista en radiología, fue durante más de dos décadas responsable del servicio de radiodiagnóstico del Hospital Joan XXIII de Tarragona. En este hospital fundó la Escuela de Formación de Técnicos en Radiología para habilitar profesionales en el manejo de aparatos radiológicos. Doctor en Medicina, Máster en Antropología y Licenciado en Historia por la UNED. Era, además, profesor titular de Radiología en la Facultad de Medicina de la Universidad Rovira y Virgili. Dirigió un número muy considerable de tesis doctorales, e intervino en diferentes tribunales examinadores de profesorado de la universidad española. Participó en el estudio de los restos depositados en el Monasterio de Poblet en el sarcófago del Príncipe de Viana.

Ramón Hernández Oter saluda a don Carlos Hugo de Borbón Parma, en presencia de don Carlos Javier de Borbón-Parma, el día de la inauguración del Museo Carlista de Estella.

Partidario de una sanidad pública cohesionada, tecnológicamente avanzada y profesionalmente cualificada, le dolía, por tanto, la calificación de sistema a extinguir concedida al sistema de seguridad social en beneficio de un Sistema Nacional de Salud, que, en su deriva hacia la nada, se especializaba y obcecaba en el desvío de fondos públicos hacia las corporaciones médico-farmacéuticas de gestión y beneficio privado.

Un carlista comprometido y leal

Vinculado al Carlismo desde el 22 de abril de 1961, al cumplir la mayoría de edad establecida por las leyes en esos momentos, pasó a militar en el Partido Carlista. Durante los cursos 1961 y 1962 actuó de secretario de la Agrupación de Estudiantes Tradicionalistas (AET) de Zaragoza, siendo en 1963 su presidente. Cargo que abandonó al salir elegido en 1964 delegado por la Facultad de Medicina, desde donde impulsó que dicha Facultad se separase de la organización del SEU, para crear otra organización independiente de estudiantes, ajena al sindicato oficial. Miembro de la Escuela de Propagandista de Acción Católica, fue secretario de la Juventud de Estudiantes Católicos (JEC) en su período universitario de 1957 a 1965. Medio año antes de acabar la carrera, en 1965, fue expedientado por el gobernador civil, Manuel Pardo de Santayana, por la organización y participación en la primera manifestación realizada en Zaragoza contra la presencia de la base norteamericana, y por las pintadas de “Yankees go home”. En León, fue el representante del Partido Carlista en la Junta Democrática. Fue miembro fundador de la Associació d’Amics de la Història del Carlisme de Catalunya.

En el aspecto cultural, como proyección de su actividad política, y por su condición de coleccionista de temas carlistas, reconocida internacionalmente, ha sido el alma de diversas exposiciones realizadas, entre otros, por el Ministerio de Educación –Las fuentes de la Memoria. Fotografía y sociedad en la España del siglo XIX- o por el Gobierno Vasco –Bilbao en las Revistas Ilustradas 1843-1900-. Parte de su colección ha podido ser contemplada en la Exposición itinerante de Fotografías del siglo XIX o en la Exposición sobre Carlismo realizada en 2002 por la Associació d’Amics i Amigues de l’Ebre de Tortosa. También, sus objetos históricos y documentación conformaron el grueso de la exposición El Carlisme. Llums sobre un passat amagat, celebrada en la Sala de Exposiciones de la Obra Cultural de Caixa de Tarragona, de 15 de septiembre a 19 de noviembre de 2006. También, en muchas publicaciones de historiadores nacionales y extranjeros se han reproducido documentos de su archivo, muy especialmente material fotográfico. Facilitó documentación a historiadores como Publio López Mondejar, Josep Sánchez Cervelló, Cesar Alcalá o Robert Vallverdú. Sin olvidar, su aportación a textos de vivencias personales como el del carlista vállense Joan Guinovart Escarré.

En reconocimiento a su compromiso y lealtad a la causa carlista, en acto celebrado en el Ateneu Barcelonés el 26 de noviembre de 2004, le fue impuesta la Cruz de la Orden de la Legitimidad Proscrita por don Carlos Hugo de Borbón-Parma. El día 19 de agosto de 2012, en Tarragona, el funeral por el eterno descanso de Ramón Hernández Oter fue oficiado por el capellán del Hospital Joan XXIII, compañero y amigo del fallecido. El acto contó con la presencia de S.A.R Doña María Teresa de Borbón-Parma, que tuvo palabras de recuerdo y afecto para Ramón, que causaron un hondo impacto entre los asistentes, muchos de ellos compañeros del difunto en el sector sanitario público.

Un hombre solidario y entusiasta

En el marco de la cooperación internacional española en Hispanoamérica y Norte de África, Ramón Hernández Oter participó activamente en dicha presencia científica, técnica y profesional, junto a otros médicos, profesores, investigadores y especialistas. Una ayuda que se prestaba a través de actividades de carácter científico y de intercambio, y de organización de cursos, seminarios o simposios. Una labor tenaz para acrecentar lazos de unión, especialmente con Marruecos, mediante encuentros periódicos y el reciclaje de clínicos de aquellos países en técnicas de vanguardia.

En estos momentos de dolor para su familia, en especial para su mujer Ester y sus hijos Berta, Paula y Ramón, es justo recordar la obra de este hombre generoso y esencialmente sociable, formado en la cultura del esfuerzo, de la exigencia, de la disciplina, de la sensibilidad y de la evidencia; un hombre forjado en la cultura del mérito, que rechazaba la promoción automática sin evaluación mediante pruebas objetivas y que no consideraba un mérito la posesión de un carné político o sindical, o la vía parental, para acceder a un empleo público.

Una persona cuyo recuerdo no sólo servirá a los suyos si no también a los afortunados que lo conocimos y lo apreciábamos. Un español que, sin duda, será recordado por todas aquellas personas, que se podrían cifras en miles, a quienes ayudó en sus enfermedades y que, a pesar de la gravedad de las mismas, quedaban atrapadas en la telaraña de un sistema capaz de generar interminables listas de espera y de alojar en el limbo la solución a sus padecimientos. Un compañero de trabajo que no dudaba en aportar sus criterios técnicos en las reclamaciones de recalificación profesional presentadas por los trabajadores sanitarios ante las instancias laborales y judiciales.

Un hombre, contrario al acoso y a la persecución laboral y profesional, a la descalificación radical de las personas, a la demagogia, al apriorismo, a la corrupción y a la manipulación ideológica, tan inmersa, hoy, en el endogámico sistema sanitario. Una persona que sufrió en carne propia la represión profesional, que algunos denominan mobbing, y que le supuso, en los dos últimos años de su actividad profesional, ser trasladado desde el Hospital Joan XXIII a un despacho en la sede del ICS en la calle Prat de la Riba de Tarragona. A pesar de ello sobrellevó su situación con dignidad, elegancia y sin rencor. Mostrándose siempre leal, digno y generoso para quien precisaba de su ayuda.

Ramón se mantuvo incólume en su línea de acción y de pensamiento, en su crítica y denuncia al proceso de descomposición de unos poderes dedicados más a acciones contra legem que a una gestión pública honrada secundum legem. Un proceso que ha envilecido a la sociedad sometiéndola a la megalomanía de los poderes de turno de unas taifas, que han impuesto el mimetismo cobarde y la mutación ante el sol que más calienta. Unos poderes que, en el decir de Ramón, se comportaban como caciques y como fariseos sin el más mínimo programa ético. Ramón solía recordar la referencia bíblica “¡Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas! Porque sois semejantes a sepulcros blanqueados, que por fuera, a la verdad, se muestran hermosos, mas por dentro están llenos de huesos de muertos y de toda suciedad”.

Ramón Hernández Oter supo mantener, contra viento y marea, su compromiso y su lealtad y mostrarlos con orgullo y sencillez, con su estilo entusiasta, ameno y didáctico, con su curiosidad, rigor y perseverancia.





Ramón Hernández Oter, doctor en Medicina, antropólogo e historiador, nació en Zaragoza el 22 de abril de 1940 y murió en Tarragona el 18 de agosto de 2012.
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19/1/12

Adiós, muy buenas, don Manuel

Manuel Fraga Iribarne ha muerto. No hablaré de su trayectoria personal, tan al uso en estas horas. Son muchos sus claroscuros y muchas sus listas negras.

Su orquestación de la agresión terrorista en el Montejurra-76 le invalidó para todo intento de conseguir la jefatura del Gobierno

Se dice que durante su estancia como embajador en Londres promovió la creación del centro político en España. Veamos cuáles eran sus concepciones centristas. En el Londres del lunes 20 de mayo de 1974, en un almuerzo con la prensa, un redactor de la agencia Reuter le preguntó sobre la legitimidad del nuevo gobierno y Fraga, tras consumir un reserva de Cune, fuera de sí, dio esta respuesta: “¡Con la legitimidad de las metralletas!”. En septiembre de 1975, también en Londres, declaraba: “A cierta gente, yo no la fusilaba. Habría que colgarla por los cojones”.

En el haber de Fraga, entre otros muchos episodios, debería contar la Semana Trágica de Vitoria, las muertes y heridos del Montejurra-76, la creación de los grupos terroristas BVE o ATE, la voladura del diario Madrid o la persecución y tortura de José Antonio Novais, corresponsal del diario Le Monde.

Culpable, el agredido

Durante su estancia en el Ministerio de Gobernación, Manuel Fraga se caracterizó por culpabilizar siempre a las personas que eran agredidas como consecuencia de sus órdenes directas. Los agredidos siempre se disparaban sobre ellos mismos. ¡La locura, vamos!

Véase el caso de Vitoria. El día 3 de marzo de 1976, se ordena a la policía gasear a los huelguistas encerrados en la iglesia de San Francisco, sin importarles la presencia de ancianos y niños en su interior, para una vez en la puerta ametrallarlos en su huída. La nota oficial del Ministerio de Fraga fue la siguiente: “La actuación de las fuerzas del orden ha estado dirigida a proteger el ejercicio de las libertades individuales y a responder ante las situaciones de coacción o violencia física que con toda claridad han vulnerado estos principios”. En rueda de prensa posterior, Fraga amenaza con su brazo y dice; “El que no haya aprendido la lección de Vitoria, él vera lo que hace. El país, desde enero, está sometido a una tensión social mayor de lo normal, en gran parte politizada. Esto se ha plasmado a lo largo y ancho del país. Por tanto, venir ahora a preguntar por que no hemos venido antes a Vitoria o a otro sitio, a mi me parece que esa pregunta no entra dentro del tema de responsabilidades. Desde luego, el que quiera plantear la lucha, la tendrá. Con todas sus consecuencias. ¡Dejémonos de pamplinas!”. La Diputación Foral de Álava y el Ayuntamiento de Vitoria protestaron por la brutalidad de los guardias sin hacer mención a ningún policía herido.

Tras la semana trágica de Vitoria, Fraga consiguió aunar en rededor suyo a la oposición, al Régimen continuista y a los franquistas mutantes: ¡Todos pedían su dimisión!, salvo el teniente general Campano –director general de la Guardia Civil y estratega de las ráfagas de metralleta-, el general Santiago Díaz de Mendívil –Ministro del Ejército- y el general Prada Canillas –gobernador militar de Álava-. Fraga y su banda pretendía el estado de excepción y la constitución de un gobierno de emergencia que desmontara los planes del franquismo mutante de los Alfonso Osorio, Torcuato Fernández Miranda o Adolfo Suárez.

Especial inquina contra el Carlismo

No puedo pasar por alto la especial inquina que Manuel Fraga mostró siempre al Carlismo.

Sin duda, realizó muchos trabajos sucios contra el carlismo, como el estado de excepción de 1969 que siguió a la expulsión de la familia Borbón-Parma de España y a la muerte del estudiante Enrique Ruano, que mostraba un impacto de bala en su clavícula. Si su ley de prensa de 1966 prescindía de la censura previa, dejaba la libertad de prensa al arbitrio y voluntad restrictiva de la autoridad de turno. Así el régimen, sometió a expedientes y sanciones, y procedió a anular la autorización que permitía la publicación de la revista Montejurra. Impidió la distribución de la revista Esfuerzo Común en los quioscos de las estaciones de Renfe. ¡Como si los carlistas no viajaran! Viajaban y luchaban, a pesar de que la calle y la represión fueran de Fraga. Esfuerzo Común, gracias a la ley de prensa de Fraga, se la llegaría a conocer como Secuestro Común por acumular secuestros, censuras, sanciones y multas administrativas de todo tipo.

A los treinta días de la matanza de Vitoria, en el despacho de Manuel Fraga Iribarne se reunieron el teniente general Campano, Antonio María Oriol, José Luis Zamanillo y Sixto de Borbón. Fraga les exigió un mínimo de 5.000 partidarios para emprender la Operación Reconquista de Montejurra, que estaría apoyada por la Guardia Civil y la Policía Armada, y que contaría con una vanguardia de reventadores compuesta por: legionarios, ustachis croatas, misinos italianos, exigentes de la PIDE portuguesa de Oliveira Salazar, pistoleros de la Triple A Argentina, miembros de la OAS residentes en España y habitualmente utilizados por el franquismo para sus atentados contra enemigos políticos, así como miembros de la contra cubana de Miami, agentes chilenos de Pinochet, entre otros miembros de la Internacional Fascista. Los gobiernos civiles facilitarían autobuses y dinero para reventar el acto y para trasladar a los matones de sus respectivas provincias. Alumnos de centros universitarios y de bachillerato fueron llevados expresamente por los agresores hasta la Campa de Irache, pero al ver cómo derivaba el asunto huyeron despavoridos entre el arbolado del Montejurra.

Octavilla carlista que se distribuyó en centros de trabajo y de estudio al día siguiente de la agresión fascista en el Montejurra-76

En el acto de Montejurra del 9 de Mayo de 1976, se produjo el intento de genocidio contra el carlismo, planificado, organizado y avituallado por el Gobierno de Carlos Arias y por miembros del Consejo de Estado, y de otras altas magistraturas del Estado. En este caso, el continuismo franquista y los franquistas mutantes unieron sus fuerzas contra el Pueblo Carlista y la Dinastía Legítima. Pretendieron liquidar a Carlos Hugo de Borbón Parma y al Pueblo Carlista en el acto político del Partido Carlista.

Como hiciera con los sucesos de Vitoria, Fraga se fue de viaje a América. Sin rodeos, Rodolfo Martín Villa criticó la decisión de Fraga con estas palabras: “Se marchó a Venezuela cuando en Montejurra ya había un muerto”. Ante los ojos de más de 500 agentes de la Policia Armada y de la Guardia Civil pasaron las metralletas con trípode, las mariettas, las pistolas y granadas que portaban los grupos fascistas agresores, cuyo símbolo patético fue el hombre de la gabardina. Desde el día 4 de mayo, unos doscientos agresores –portugueses, argentinos, italianos…- se paseaban por las dependencias del Hotel Irache y en la misma Estella hicieron ostentación de armas. En las carreteras de acceso a esta ciudad hubo férreos controles con guardias cada cincuenta metros que dificultaban poder llegar a su interior. Sin embargo, tras la agresión, la Guardia Civil y la Policía permitieron la huída de los mercenarios de Sixto.

En declaraciones, muy posteriores, a la prensa francesa, inglesa y norteamericana culpó a los instigadores y a los que le sustituían en su ausencia. “No realicé más que dos viajes al exterior en aquellos difíciles meses: el de Bonn, que coincidió con los sucesos de Vitoria y el de Venezuela, durante el cual se produjo el grave choque de Montejurra. En ambos casos yo no estaba en mi despacho y el titular de Gobernación era Adolfo Suárez”. Sin embargo, al regresar de Venezuela declaró: “Lo primero que tengo que decir, porque conviene que se sepa, es que yo estaba aquí mientras ocurrieron estos hechos y no me fui hasta que terminaron. Asumo la plena responsabilidad de lo que haya ocurrido y lo digo con todas las consecuencias”.

El gobierno Arias no dio explicación alguna sobre la agresión en Montejurra, y el Fraga que asumía la responsabilidad del desastre, a los quince días, acusaba reiterada y públicamente a Adolfo Suárez. “Pregunten a don Adolfo Suárez por lo que pasó: ¡yo estaba de viaje!

Con la Operación Reconquista, Manuel Fraga vio la oportunidad de recuperar la confianza perdida del Jefe del Estado tras la semana trágica de Vitoria y, por ello, se empleó tan a fondo. En su obsesión megalómana confiaba que con este servicio obtendría nuevos méritos para pilotar la reforma y la posterior transición. Pero, su intemperancia y su agresividad de todo tipo le imposibilitarían para tal cometido.

Al final de su vida, declararía que “Yo no he sido cómplice de ninguna dictadura. Sólo tengo motivos de satisfacción de lo que hice entonces en mi propia conciencia”.

¿Se merece algún comentario más un personaje de su ralea? ¡Que descanse en paz!, si puede. A quienes nos consideró su enemigo, no nos queda otro remedio que rezar por el eterno descanso de su alma, que buena falta le hará nuestra oración dada su agresiva trayectoria llena de soberbia.
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20/12/10

Arturo Juncosa, amigo de siempre y para siempre

El sábado 18 de diciembre de 2010 asistí al funeral por el alma de Arturo Juncosa Carbonell, que, nacido el 5 de octubre de 1925 en Les Borges del Camp (Tarragona), fallecía en Barcelona el 13 de diciembre de 2010. Un amigo “de siempre y para siempre”, tal y como lo recordó Doña María Teresa de Borbón-Parma, quien en representación de la dinastía legítima, dirigió unas palabras sobre Arturo Juncosa en el oficio celebrado en la Iglesia del Sagrado Corazón, de los jesuitas de la calle Caspe de Barcelona.


Artur Juncosa firma, el 11 de abril de 2010, en apoyo de la candidatura de Tarragona a capital europea de la cultura 2016 en el salón de plenos del ayuntamiento tarragonés, tras la recepción del consistorio con motivo del 80 aniversario de Don Carlos Hugo

Durante la liturgia, el padre Nazario González, uno de los veinticinco celebrantes que acompañaron al Abad de Montserrat, nos refería que Arturo había donado su cuerpo a la ciencia, de ahí la ausencia del féretro en el funeral. De esta forma, el jesuita y profesor universitario seguirá relacionado con el saber científico, incluso después de su muerte. Prueba de su personalidad, jovial y fructífera, fue la presencia de los síndicos de la Universidad de Barcelona y de la Universidad Ramon Llull, entre otras, así como de numerosos miembros de la comunidad universitaria española. El oficiante agradeció la presencia de la Dinastía Legítima en el acto, remarcando la condición de carlista de Arturo Juncosa y su estrechísima relación con la Familia Borbón-Parma.


Arturo estudió Ingeniería en Madrid y, en 1945, a causa de su militancia carlista estuvo en prisión como consecuencia de los sucesos del Círculo Carlista de Pamplona, que acabaron en enfrentamientos con las fuerzas de orden público, con cientos de detenidos y la clausura de múltiples locales carlistas.

En 1946 ingresó en la Compañía de Jesús y se licenció en Filosofía y en Teología

En la década de los cincuenta, Arturo Juncosa inició su estrecha relación con la Familia Borbón-Parma y fueron múltiples las ocasiones en que visitó Puccheim para entrevistarse con Don Javier y con Don Carlos Hugo, de quienes llegó a ser confesor y persona de confianza. Asistió a la boda de don Carlos Hugo y Doña Irene en Roma, acompañado de buena parte de la tuna del Colegio Mayor Loyola de Barcelona.

Participó activamente, como carlista, en la lucha antifranquista, con reuniones, cursillos y seminarios clandestinos en España, y en Perpignan, Arbonne y otras poblaciones del sur de Francia.

Su actitud de firmeza en el tiempo en que asumió la dirección de la delegación en Tarragona de la Universidad de Barcelona, le comportó problemas con el gobierno civil y la policía, a quien impedía su presencia en los recintos de la Universidad. Fue impulsor de la Asamblea de Cataluña, y junto a Carlos Feliu de Travy, propusieron los puntos reivindicativos de la misma, que fueron aceptados por el resto de las organizaciones que la conformaban. En algunas de las sesiones de dicho organismo de oposición fue el representante del Partit Carlí de Catalunya. Desplegó la formación de numerosas comisiones de dicha Asamblea por decenas de pueblos de Cataluña.

Recuerdo su participación en aquellas Asambleas partidarias en las que se debatía la adecuación de la ideología, especialmente la celebrada en El Ordal, cuyas sesiones llegaban hasta bien comenzada la madrugada. También, sus conferencias y actividades en los círculos de Barcelona de la calle Ortigosa o de la calle Junqueras, donde se celebrarían reuniones de las comisiones de solidaridad o del Consell de Forces Polítiques, en especial la de este organismo con la Platajunta Democrática.

Recuerdo reuniones con alumnos de las Facultades e Institutos de Tarragona en un piso deshabitado de la Rambla Nova de dicha ciudad, que se desarrollaban sentados en el suelo, donde él exponía los conceptos básicos del socialismo autogestionario, del federalismo y establecía la función de la monarquía carlista en la sociedad y se sometía, sin límite alguno, a las preguntas de los presentes. Una actividad con la que se jugaba, a diario, su puesto en la Universidad y que le creó un prestigio entre los profesores y alumnos, muchos de los cuales, con independencia de su militancia política, realizaron visitas a Perpignan para entrevistarse con don Carlos Hugo.

Nombrado Caballero de la Real Orden de la Legitimidad Proscripta, le fue impuesta la Cruz de la Legimidad en un acto en Manresa el 5 de Octubre de 1994. Caballero de la S.A.I Orden Constantiniana de San Jorge, Caballero de la Orden de San Ludovico. Desde su inicio ha presidido la Associació d’Amics de la Història del Carlisme de Catalunya.

Participó en el acto del Centenario de Solidaridad Catalana, celebrado en el Ateneo Barcelonés, que fue organizado por la Asociación de Amics del Carlisme de Catalunya y presidido por Don Carlos Hugo de Borbón-Parma. También, en la Universitat Catalana d’Estiu desarrollando aspectos históricos y políticos del carlismo.

Durante más de tres décadas fue habitual de las cenas de navidad de los carlistas de las comarcas de Tarragona. En cuyos actos siempre se mostró dispuesto a participar. Siempre tratando de implicar en el compromiso y en la exigencia con sus análisis y sus consejos en el camino de la historia y la libertad. Una historia no manipulada por intereses.

Precisamente, en el tema de la historia colaboramos Arturo y yo en la biografía que, sobre Tomás Caylá, escribiera Joan Guinovart, entre los años 1994 y 1997, explicitando sus vivencias y recuerdos para realzar la figura humana y política del político vallense, abogado y periodista, que fue jefe regional del carlismo catalán hasta su asesinato en agosto de 1936. Guinovart agradeció nuestra colaboración en la búsqueda y selección de fuentes, los consejos para la estructuración de la obra y para equilibrar los diferentes capítulos, el asesoramiento para situar los hechos en el contexto histórico y el esfuerzo de corrección de estilo. El día de la presentación del libro en Valls, en 1997, Arturo tuvo palabras de recuerdo para Tomás Caylá y la juventud vallense que, en aquellos días, luchó por la Fe y por la Patria, como se subtitulaba el diario Juventud que editaba el biografiado.

Con motivo del 175 aniversario del Carlismo, Arturo Juncosa concelebró la misa de conmemoración en el acto carlista desarrollado en el Monasterio de Poblet, el 9 de mayo de 2009, que contó con la participación de la Familia Real Carlista encabezada por Don Carlos Hugo de Borbón-Parma.


Artur Juncosa, acompañando a Don Carlos Hugo, a Don Carlos Javier, a Don Jaime, a Doña Maria Teresa y Doña María de las Nieves, recorre el Claustro del Monasterio de Poblet en el acto del 175 aniversario del carlismo.

El 11 de abril de 2010, fue uno de los oficiantes de la misa en el acto de homenaje a Don Carlos Hugo, que, con motivo de su 80 aniversario, se celebró en Tarragona y estuvo en la mesa del acto de recepción en el salón de plenos del Ayuntamiento de dicha ciudad, que recibió a la dinastía legítima y a sus acompañantes en dicho acto.

En el mes de junio de 2010 participó en la última reunión de trabajo que don Carlos Hugo mantuvo, en Castelldefels, con la delegación de una fundación del País Vasco, que le había solicitado una entrevista. Acabada la reunión, le acompañé hasta el Instituto Químico de Sarriá, donde residía. En este trayecto, con la circulación colapsada de la entrada de Barcelona de una tarde cualquiera, se manifestó animoso por el futuro. Repasamos los últimos años del carlismo, con sus derivas y aciertos, y ese camino a la esperanza que son los hijos de don Carlos, que él tan bien conocía.

En agosto oficiaría el funeral de Don Carlos Hugo de Borbón-Parma en el Tanatorio de San Gervasio en Barcelona, con palabras de hondo pesar, de profundo sentimiento y respeto hacia la figura de su gran amigo.

Aspectos de su actividad docente

Cabe destacar la extensa vida académica como profesor: en el Instituto Químico de Sarrià (1957-1962); profesor en la Universidad de Barcelona (1959-1991); catedrático de Ética y Sociología en la Universidad de Sevilla (1981-1983) y catedrático de Ética y Sociología de la Universidad de Barcelona (1983-1991), año en que se jubiló.

En 1971, el Dr. José Ignacio Alcorta Echevarria, catedrático de Ética general y Ética especial y Sociología, de la Universidad de Barcelona, le dirigió su tesis doctoral “La Sociología del conocimiento en Karl Mannheim”. Tesis doctoral que recibió el Premio Ciudad de Barcelona de 1971, en Filosofía y Letras, otorgado el 26 de enero de 1972 y que sería publicado como resumen de tesis por la Universidad de Barcelona en 1975.

Fue jefe del Departamento de Filosofía, Teorética y Práctica de la Universidad de Barcelona y rector delegado de las facultades universitarias de la Universidad de Barcelona en Tarragona de 1973 a 1978.

En 1975, publicó un estudio sobre “Democracia y aristocracia en las artes plásticas modernas” y en 1976, publica “La Moral de Sartre en su teatro” (Revista Univertistas Tarraconensis, Vol. 30). Su trabajo sobre “La educación en una sociedad de cambio” fue publicado en la Revista de Ciències de l’Educació (Universitas Tarraconenses -URV Departament de Pedagogia), 1977-80.

Por Orden de 17 de junio de 1980, en virtud de concurso-oposición, se le nombra profesor agregado de Ética y Sociología, de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Barcelona, delegación de Tarragona. La Orden de 15 de junio de 1981, en virtud de concurso de acceso, se le nombra catedrático de Ética de la Facultad de Filosofía y Ciencias de la Educación de la Universidad de Sevilla. La Orden de 15 de mayo de 1983, en virtud de concurso de traslado, le nombraba catedrático de Ética de la Facultad de Filosofía y Ciencias de la Educación de la Universidad de Barcelona.

Fue profesor invitado en numerosas universidades de Europa, entre ellas la Universidad Pontificia Gregoriana de Roma, y de América, en las que impartió cursos y dio conferencias. A su formación cultural le acompañó una amplia producción científica. Era miembro de la Fundació Catalana per a la Recerca, del Patronato del Instituto Químico de Sarrià, vicepresidente del Instituto Borja de Bioética, miembro del Consejo Asesor del Instituto de Tecnoética de Barcelona y del Consejo Asesor de INEHCA. En 1993 fue nombrado rector del Centro Borja de Sant Cugat del Vallés, en cuya sede se realizaron las sesiones del Concilio de la Iglesia Catalana. También, fue miembro fundador de la Societat Catalana de Filosofia del IEC; del Centre d’Estudis Carles Cardó y del Instituto Internacional Jacques Maritain.

A lo largo de su carrera docente intervino, en múltiples ocasiones, como miembro de tribunales de tesis doctorales de diversas universidades y ha dirigido múltiples tesis. Por ejemplo, en 1992, La Sociología de C. Wright Mills: el poder de los intelectuales de Alfredo Díez Merino, o, en 1995, Ética i Gestió de Josep M. Lozano Soler.


Artur Juncosa, en la Universidad Ramon Llull en la que fue Defensor de la comunidad universitaria

Fue Síndic de Greuges de la Universidad de Barcelona (1993-1998), y primer Síndic de Greuges de la Universidad Ramón Llull (2004-2008). El 19 de enero de 2007, en la sede de la Sindicatura de Greuges de la UB, se celebró una comida con todos los anteriores síndicos, con la particularidad de que Arturo Juncosa Carbonell, era en aquél momento Síndico de la Universidad Raimon Llull. El 5 de julio de 2007, en la sede del rectorado de la Universidad Rovira y Virgili de Tarragona, tuvo lugar un encuentro de los síndicos de las universidades catalanas que contó con la participación de Juncosa. Las funciones realizadas por Arturo Juncosa eran las de recibir quejas y observaciones sobre el funcionamiento de la universidad, por parte de las personas con interés legítimo para hacerlo. También, la de presentar propuestas de resolución, con carácter no vinculante, ante los órganos competentes de los asuntos sometidos a su consideración, y el ser informado de las decisiones que, en su caso, se adoptasen. Y, especialmente, la de actuar como mediador o árbitro en los conflictos entre los individuos o grupos de la comunidad universitaria, y proponer fórmulas de conciliación o transacción vinculantes siempre que las parte lo solicitasen de común acuerdo.

El 1 de junio de 2008, en Vilaweb y en el diario El Punt, desde Tortosa, se reconocía que "el filósofo Arturo Juncosa, con el científico Federico Mayor Zaragoza y el escritor Gerard Vergés, los tres todavía activos y creativos, son los personajes con un mayor nivel intelectual procedentes de nuestra ciudad durante el siglo XX, cuya sombra excede el territorio para alcanzar una proyección universal".

Quisiera acabar este recuerdo de Arturo Juncosa con las sentidas palabras de doña María Teresa de Borbón-Parma, expresadas en su funeral, “desde el fondo del alma, gracias Padre Juncosa”.

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27/8/10

Joaquin Bardavío, el juanista exterminador

El escritor y periodista Joaquín Bardavío, en las páginas del diario El Mundo, en la sección Tribuna, con el antetítulo del Fin del Carlismo, escribe un artículo titulado Del integrismo al socialismo autogestionario.

El artículo comienza así: “El reciente fallecimiento de Don Carlos Hugo de Borbón Parma ha supuesto la desaparición del último pretendiente carlista que enarboló esa bandera absolutista e insurreccional que provocó tres guerras civiles y participó activamente en una cuarta, la de 1936-1939”. A lo largo del texto expresa su convicción de que “el carlismo queda definitivamente para la historia”.

Joaquín Bardavío, a lo largo de su trayectoria personal y profesional, ha puesto especial hincapié en ensalzar las figuras de don Juan y de su hijo Juan Carlos, también la del protector de éste, el almirante Carrero Blanco, o la de Adolfo Suárez. Auténticos panegíricos, siempre al servicio del poder.


En 2009, el diario La Razón presentaba a Joaquín Bardavío como un gran devorador de bocadillos


Variopinto personaje

Para comprender ese texto, hemos de acudir necesariamente a la historia personal y profesional del tal Joaquín Bardavío. Nacido en Zaragoza en 1940. Cursó estudios primarios en el Colegio del Salvador de su ciudad. Se desplazó con su familia a Madrid a los once años, mientras proseguía el bachillerato elemental en el internado que los jesuitas tenían en Tudela (Navarra). Inició estudios de Derecho y Ciencias Política hasta pasarse a estudiar Periodismo en la Universidad de Navarra y en la Escuela Oficial de Periodismo de Madrid.

Colaboró en diversos diarios y revistas científicas de la época hasta que en 1963 ciñó su actividad al diario Madrid, donde permanecería hasta 1968, siendo entre 1966 y 1967 secretario de la presidencia del Consejo de Administración de dicho periódico. En él realizó tareas de articulista, editorialista, enviado especial y corresponsal de guerra. Realizó misiones en 27 países y entrevistó a jefes de estado y de gobierno en Jordania, Irak, Filipinas, Siria, Thailandia y Vietnam del Sur. En 1966, con la ley de prensa de Manuel Fraga, monta la “Encuesta sobre la Monarquía”

Entre 1968 y 1969 colaboró en revistas con informes como: “El Consejo Privado del Conde de Barcelona”, “Cuánto dura en su cargo un ministro”, “Los hombres de confianza de Franco”, “La Guardia Civil”.

Como muy bien se encargaron otros autores de demostrar en posteriores estudios, el Consejo Privado del Conde de Barcelona (Triunfo, 24 de febrero de 1968) no era todo lo contrario a una camarilla, ni sus figurantes eran tan sólo personas de desahogada posición económica, en ejercicio de profesiones liberales y con diversas y numerosas fuentes de ingresos. Los 91 miembros de ese Consejo Privado tenían múltiples vinculaciones y 81 de ellos constituían un nido de conexiones con lo más rancio de la oligarquía económica, financiera, industrial y terrateniente de España, de la que formaban parte, en el decir del profesor Juan Velarde Fuertes, en el prólogo del libro El Poder de la Banca en España.

En noviembre de 1969, Joaquín Bardavío dirige una empresa periodística, Sapisa-Colpisa, que resulta de la asociación de los más importantes diarios regionales de España. En este año publica su estudio sobre “La estructura del Poder en España”.

En abril de 1970 es nombrado Jefe de los Servicios Informativos de la Presidencia del Gobierno, cargo que desempeñará hasta julio de 1973.




A estos personajes consagró su pluma Joaquín Bardavío, y sus armas de comunicador, adscrito como estaba a los servicios de información del régimen





Gregorio Morán, el 24 de marzo de 2007, en La Vanguardia, en su artículo El hombre que veía con las orejas, aludía al juanista Bardavío:
“(…)Las teorías conspiratorias nacen siempre del poder corrupto e incompetente. Fíjense en algunos detalles. En el meollo de los instructores de la teoría de la conspiración figura un periodista que tiene por nombre Joaquín Bardavío. Ya está muy mayor y muy cascado, pero más de uno se acordará de él porque escribió unos libritos muy divertidos sobre la transición. Trabajó en los Servicios de Información del coronel San Martín que tan torpes se mostraron en todas y cada una de las ocasiones estelares que hubieron de afrontar, entre otras el atentado de Carrero Blanco. Los más viejos del lugar recordamos las teorías conspirativas elaboradas por las mentes privilegiadas de entonces, los Joaquín Bardavío de Presidencia del Gobierno con Carrero muerto y Arias Navarro vivo. Todo menos reconocer, que la inmensa mole de cartón piedra del franquismo tenía una policía política incompetente y desnortada, y unos analistas lelos. El almirante Carrero Blanco ascendió a los cielos antes de tiempo porque un puñado de terroristas vascos tuvieron suerte en el aprovechamiento de la impericia del enemigo, y lo que tenía el noventa por ciento de posibilidades de fracasar, triunfó. Pero eso los tipos como Aznar, Acebes, Rajoy o Bardavío, no pueden admitirlo, porque entonces deberían cesar, dimitir o avergonzarse, pero de seguro que siguen durmiendo bien.
Las teorías conspirativas nacen para cubrir las vergüenzas de los estados, y quienes las jalean y las defienden se olvidan que algún día alguien, como hago yo ahora con Joaquín Bardavío, miembro de los servicios llamados de documentación del franquismo en sus épocas más siniestras, y colaborador voluntario de la actual teoría de la conspiración, les sacarán las vergüenzas y les preguntarán para quién trabajan, porque me consta que buena parte de ellos creen en la conspiración tan poco como yo.”


El afán comunicador de Bardavío también se ha vertido con el sucesor

Tras este periplo, pasó a la empresa privada y llegó a desempeñar las funciones de secretario general de la Confederación Empresarial Española hasta su fusión en la C.E.O.E, donde desarrolló tareas profesionales de información y comunicación.

Una tarea profesional que ha ido combinando con actividades de escritor, añadiendo a su lista de libros los siguientes: Políticos para una crisis, La crisis, EL dilema, Sábado Santo ROJO, La rama trágica de los Borbones, Los silencios del Rey, Crónica de la Transición 1973-1978.

En 2009, en la presentación de su Crónica de la Transición 1973-1978, Pilar Cernuda lo calificaba de “un poco la historia de todos nosotros, Fernando Jauregui de “reportajeador de la historia”, y “hacedor de exclusivas” “sin rencor”. Asistieron personajes como Nicolás Franco y Pascual de Pobil y Santiago Carrillo, Alfonso Osorio o Teodulfo Lagunero, José María López de Letona o la duquesa viuda de Fernández Miranda, Mario y Diego Armero, hijos del fallecido abogado Jose Mario Armero, fundamental en los inicios de la Transición, y antiguos responsables del CSID, como Aurelio Madrigal y Javier Calderón.

Un juanista de los servicios de información de la dictadura

En el artículo Del integrismo al socialismo autogestionario, el juanista Joaquín Bardavío pretende conseguir de un plumazo, aquello que otros intentaron con anterioridad: la eliminación del Carlismo. Como no pudieron conseguirlo en 1976 con la operación de Estado denominada Reconquista de Montejurra, lo quiere conseguir ahora con un artículo en el diario El Mundo.

Como miembro que fue de los servicios de información de Carrero Blanco, su obsesión contra el carlismo ha sido permanente. Por ello, no resulta extraño en Joaquín Bardavío esta nueva andanada para tratar de enterrarnos en vida, como lo han pretendido tantos otros a lo largo de nuestra historia. Sin duda, en cualquier país civilizado, ese enterramiento en vida, esa lapidación pública constituiría un asesinato en el que habría actores por acción -quienes pretenden ese fin- y por omisión -los medios que facilitan ese fin-. Asesinar, que debería estar muy mal visto por la sociedad, es matar a una persona con premeditación, alevosía, etc., y el diccionario de la RAE, a quien asesina lo llama asesino.

En estos tres últimos siglos, en los que hemos visto pasar a miles de organizaciones, personas y personajillos que prometían milenarismos de todo tipo, también hemos padecido el afán exterminador de algunos cuantos, de quienes, afortunadamente, nadie se acuerda ya.

No se preocupe don Joaquín Bardavío que cuando le llegue el momento, ¡Dios no lo quiera próximo!, no le quepa la menor duda, y se lo puedo asegurar paisano que, a su sepelio, acudirá algún que otro carlista. Y que algún otro le escribirá una buena necrológica, incluso mejor que las suyas.

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19/8/10

En la muerte de Don Carlos Hugo de Borbón-Parma

En su mensaje del día 2 de agosto, Don Carlos Hugo de Borbón-Parma nos decía:
“Quiero decir a los Carlistas que mi estado de salud no es bueno. Estoy totalmente en las manos de Dios, rodeado de mi familia y de mis fieles. Lo único que os pido es serenidad y que sigáis adelante con nuestro proyecto de libertades, expresión moderna de nuestros antiguos fueros. Confío mucho en vuestras oraciones y en vuestro cariño.
Os pido seguir al lado de mis hermanas María Teresa, Cecilia y María de las Nieves, y de mis hijos Carlos Javier, futuro Jefe de la Dinastía, Jaime, Margarita y Carolina.”

S.A.R Don Carlos Hugo de Borbón-Parma

Acompañado de sus hijos y hermanas, S.A.R. Don Carlos Hugo de Borbón- Parma fallecía, tras larga enfermedad, en la ciudad de Barcelona el día 18 de agosto de 2010. El día anterior, con mente clara y con gran tranquilidad de ánimo, Don Carlos Hugo, pudo enviar a todos los carlistas su abrazo final.


Don Carlos Hugo pertenece ya a la historia reciente de España, y es un símbolo de buena parte de españoles que lucharon, y luchan, por los ideales que él encarnaba. Ha sido una persona honrada, coherente, leal y cuya concepción cristiana influyó en el desarrollo de su pensamiento y en sus propuestas sociocéntricas para el desarrollo de las libertades en España y en el mundo. Su testimonio de fidelidad, de creatividad, de análisis dinámico de los problemas presentes y de prospectiva nos ha de servir de estímulo para afrontar la actual interacción mundial en la que, se quiera o no, nos hallamos inmersos. Su concepción ideológica era global, abarcaba todos los ámbitos del ser humano como persona, como miembro de una familia, como miembro de una comunidad de vecinos, como integrante de un barrio, de una localidad, de un pueblo integrado en la patria hispánica, como trabajador o empresario, como sujeto de la política o del sindicalismo, de la economía o del desarrollo ideológico de la sociedad. Todos los aspectos de la convivencia humana tratados desde la óptica de la evolutiva tradición hispánica. Una concepción que partía de los dos principios ejes del cristianismo: la defensa de la dignidad de la persona y la solidaridad universal.


Audiencia de Benedicto XVI a la Familia Real Carlista el 9 de julio de 2009

A pesar de los múltiples avatares que, tanto a él como a su familia le tocaron vivir, nunca mostró acritud. La experiencia de la persecución de los nazis contra su familia, el cautiverio de su padre, Don Javier de Borbón-Parma, en campos de exterminio como el de Dachau, su presencia en España con múltiples limitaciones, su trabajo en la mina asturiana, ni el sufrir diversas expulsiones del territorio nacional por parte de la dictadura franquista fueron óbice para que dejara de animar a los carlistas en la consecución de sus objetivos.

Una opción entre realidades diferentes

En esa dicotomía entre el ser y el parecer, tan presente en la actual vida pública española, él optó por el ser. Ser, con toda su levedad y temporalidad, con sus criterios formados, con sus actuaciones que comportaron aciertos y errores a lo largo de su existencia personal. Un criterio que se ha de conformar en la familia, en la etapa educativa, de acuerdo con nuestras creencias y con los avatares que la propia vida nos presenta. Sólo así nuestro criterio podrá ser libre. Ser que se opone a la vacuidad de un parecer, sujeto a la dictadura de las encuestas y del qué dirán los otros, a la falta de argumentos, al insulto permanente, a la repetición cansina de lemas, al cambio continuo de opinión, al servirse de la sociedad para blindar sus intereses personales.

Una distinción entre el ser y el parecer que se refleja fehacientemente en el actuar político, económico y social. Hoy, cuando se habla de este actuar, el ser sería una gestión pública eficaz que combinara medidas y recursos en un presupuesto equilibrado. El parecer representaría hablar más de delitos y comportamientos injustos, de corrupción, de fraudes, de prevaricación, de cohecho, de tráfico de influencias o de malversación; de asistir a la creación de Ministerios, de Consejerías y de Concejalías totalmente inútiles e innecesarias que sólo sirven para pagar favores personales, políticos, económicos e, incluso, sexuales. Hoy, el partidismo de vivir del talonario del Estado y de las Comunidades Autónomas prima sobre la eficiencia.

Dos realidades han conformado a lo largo de los tres últimos siglos la existencia del carlismo, dos hechos fundamentales e indisolubles: el Pueblo Carlista y la Dinastía Legítima, cada uno con sus funciones. Y entre ambos el Pacto Dinastía-Pueblo. Un Pacto que no puede perder de vista en ningún momento el proceso histórico en el que se encuentra la sociedad a la que nos debemos y a la que tenemos que servir. Una realidad innegable y un espíritu de cooperación entre iguales que impulsa el progreso humano para todas las personas y pueblos de las Españas y del mundo.

En unos momentos de una sociedad como la nuestra, en fase de descomposición, derivada del sectarismo y demagogia y del continuo divide y vencerás de los diversos gobiernos, existe un alto poder de autodestrucción que impregna a todo tipo de instituciones y organizaciones, especialmente las políticas. Cuando se está llegando a un estado de cosas tal donde al que no delinque se le considera un anormal, se impone, pues, una catarsis que exige un liderazgo de tipo moral y ético, un liderazgo que distinga entre la autoridad como valor moral y el poder como ejercicio sometido a un estricto control.

Gobernar no es conseguir un cargo sino ganarse el respeto y mantenerlo. El poder se puede conseguir por diversos métodos, pero solamente la autoridad es capaz de legitimarlo. Y la autoridad la confieren los demás al admitir y aceptar la capacidad de transmitir ideas y criterios de acción colectiva, lo contrario es centrarse en un propio interés que, al final, es corrupto.


S.A.R Don Carlos Hugo de Borbón-Parma y sus hijos, Don Carlos Javier y Don Jaime en el acto de Poblet del 9 de mayo de 2009

Para los carlistas, esa autoridad, ese liderazgo moral en la sociedad lo ha de ejercer quienes representen en cada momento a la Dinastía Legítima. Una Dinastía Legítima sustentada en el apoyo del Pueblo Carlista, por el Pacto establecido entre ambos.

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2/12/09

Premio Fierro Botas a Javier Cubero

Premiada la obra “Del romanticismu al rexonalismu: escritores carlistes na lliteratura asturiana”

El Ayuntamiento de Gijón ha concedido el segundo premio de ensayo y trabajos de investigación “Fierro Botas” al amigo Javier Cubero, un gijonés de 23 años, por su obra “Del romanticismu al rexonalismu: escritores carlistes na lliteratura asturiana”.


El autor, que aquí vemos interviniendo en el acto carlista de Montejurra 2006, ha sido candidato carlista por Asturias en diversas elecciones, ha publicado artículos en asturiano en diversas revistas culturales y sobre temas de historia contemporánea, acomete en la obra ganadora un estudio “a medio camino entre la investigación y el ensayo”, que se centra en los escritores en asturiano carlistas y regionalistas de los siglos XIX y XX, y en su contexto ideológico y político.

Javier Cubero explica a La Nueva España que «Hay escritores en lengua asturiana, de afiliación carlista, destacados en esa época, como Xuan María Acebal o Enrique García-Rendueles. Desde los años 80 del siglo pasado se han realizado varios trabajos de investigación que iniciaron el camino hacia la recuperación de la obra de estos autores. Pero todos estudiaban a algún autor de forma aislada, hasta ahora no había ningún estudio de síntesis, que es lo que he realizado yo; estudiarlos como grupo, porque tenían un proyecto literario distinto a otros escritores en asturiano de la misma época».




Especial tratamiento recibe la figura del carlista Xuan María Acebal (1815-1895), el que en su tiempo fue considerado el príncipe de los poetas asturianos por su rigor lingüístico y su valor literario, y que da nombre al Premio anual de Poesía convocado por la Conseyería de Cultura del Principáu d'Asturies. Exiliado en Francia después de la Tercera Guerra Carlista, volvería años después a su tierra. Fue el primer autor en lengua asturiana que huyó del tópico del campesino para narrar hechos vistos y vividos por él. Ganaría múltiples premios, como los de la Mocedá Obrera Católica. A la poesía de carácter descriptivo o narrativo, él añadirá la lírica. Aunque sin una obra extensa dejó once poemas asturianos, tres traducciones de Horacio, cuatro poemas en español y uno en italiano. (Ver http://partiucarlista.blogia.com/2006/112803-acebal-el-principe-de-los-poetes-asturianos.php)

La diferencia del estudio de Javier Cubero respecto de otros anteriores radica en la distinta concepción de la lengua asturiana como vehículo de Cultura, así para este autor «Otros autores concebían un uso costumbrista del asturiano, pero no contemplaban su uso en temas de alta cultura». Por eso, en su obra Javier Cubero analiza a aquellos escritores que «apostaban por el uso del asturiano en la alta cultura. Algunos de ellos tradujeron obras de autores clásicos grecorromanos al asturiano, por ejemplo».

Además de poner en relación a una serie de autores, Javier recompone su contexto ideológico y político, aproximándose en su análisis al Partido Carlista de Asturias y a las corrientes del romanticismo europeo. Para Cubero, es característica esencial del carlismo, a lo largo y ancho de las Españas, su apoyo a la recuperación de las culturas autóctonas en cada parte de España, no constituyendo Asturias ninguna excepción. «Eso es algo muy similar a lo que pasó en otras partes de Europa, dentro del romanticismo, que compartía la misma cosmovisión cultural, como en el regionalismo bretón, concluyó el joven carlista Javier Cubero, a quien felicitamos desde estas páginas por su merecido éxito.



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22/12/08

El Pueblo Carlista, la realidad plural del Carlismo

El término Pueblo deriva del latín populus y puede remitir, en un sentido de sociedad, a un conjunto de habitantes de una nación (o a una parte de ella, de una región o un país). Como acepción de ruralidad considera una entidad de población de menor tamaño que una villa o ciudad, dedicada principalmente a tareas agrícolas. Nosotros, lo entendemos en el sentido de pueblo llano, de clases populares, que en cada época ha sido conocido por diversos nombres. El común era el pueblo llano. Y el Carlismo siempre ha hablado del común, siempre ha opuesto el concepto de Pueblo al de masas, conjunto de individuos, etc.


Sin duda, algunos se rasgan las vestiduras cuando nos definimos como pueblo carlista, para éstos resulta complejo y polémico que nos definamos así. Pero, es evidente que el pueblo carlista posee unas características que lo identifican y lo diferencian del resto de habitantes del Estado en el que se encuentra englobado. Esta conciencia de pertenencia al Pueblo Carlista, deseoso de preservar la paz y la seguridad, favorece la protección de los derechos humanos de sus miembros ante los ataques sufridos por el aparato del Estado o de quienes, a lo largo de los últimos tres siglos, se han declarado sus enemigos, decretando su persecución o su discriminación extrema y sistemática, sin que parezca existir una solución factible para que desaparezca esta actitud represiva.


Ante este término polémico y que no ofrece un único significado, es común en la doctrina internacionalista y en el criterio de determinados organismos de Naciones Unidas elaborar sus definiciones mediante la conjunción de un elemento objetivo y otro subjetivo.


El elemento objetivo de esta definición lo constituye el conjunto de características que como grupo reúne, en su totalidad o en parte, y que establecen un vínculo entre sus miembros, que es muy superior a la simple asociación de individuos dentro de un estado. Entre otras características objetivas, el pueblo carlista presenta la existencia de una tradición histórica común, de identidad, de homogeneidad cultural, de respeto a las variantes lingüísticas de cada uno de los pueblos de las España, afinidad religiosa e ideológica, conexión geográfica o territorial, vida económica común e importancia cuantitativa.

El elemento subjetivo guarda correspondencia con la conciencia de ser un pueblo y, también, con la voluntad de que se le identifique como tal. A estos efectos, el pueblo carlista está dotado de instituciones y otros medios para expresar sus características comunes y su deseo de mantener su manifiesta identidad.

El Pueblo Carlista es una realidad incontestable en el conjunto del Carlismo. Unas personas con conciencia de ser un Pueblo, que tiene una personalidad muy acusada y una visión particular de la vida cotidiana y que, sobre todo, no está para mimetismos con otros fenómenos políticos, sean éstos del tipo que sean. El Pueblo Carlista no entiende los bandazos en política, y cuando al carlista no le queda algo claro se retira a su casa para que nadie le pueda utilizar, y vuelve a la palestra cuando la libertad de sus Pueblos, la Patria y el Rey le necesitan, cuando se ejerce un liderazgo de forma nítida, diáfana, y de carácter unitario y no disgregador. Uno de los rasgos más acusados de este Pueblo, honrado y combativo, es la fidelidad a unas ideas, a una forma de hacer, a un partido aunque jamás éste haya palpado poder. Su concepción foral de la vida le permite estar abierto a la defensa de todo derecho de las personas, sociedades intermedias y pueblos de las Españas. Su sentido foral le impele a hacer hincapié en las libertades municipales, porque son las leyes, la legislación, la gestión que percibe más el ciudadano, harto ya de pagar impuestos a la provincia, a la Comunidad Autónoma, al Estado, y ahora a Europa. Percibir que tu calle está asfaltada, que la alcantarilla funciona correctamente, etc. induce a participar en la vida pública. Esto era el foralismo, el poder legislar lo más próximo. Basándose en esta idea, el Pueblo Carlista defendió siempre soluciones comunitarias a los problemas: bienes comunales, acción Cooperativista agraria, industrial, la defensa de cosas concretas. El Pueblo Carlista está harto de abstracciones que son propias del universo liberal, y quiere libertades concretas con sus derechos y obligaciones y que sean trasladables al día a día y no estén reservadas para su discusión en las salas de justicia. Quien se pretenda carlista y olvide en sus líneas programáticas y de acción que existe ese sentimiento de ser pueblo carlista, no tiene nada que hacer.


Los intelectuales liberales, los políticos profesionales al servicio permanente del sistema, en su obsesión por el poder podrán elucubrar cuanto que deseen, y vivir así del cuento unas temporadas más a costa de denigrar el carlismo, pero nunca entenderán a un Pueblo como el carlista, que siempre ha sido antidictatorial, que fue antifranquista cuando tuvo que serlo, que se ha mostrado históricamente antiuniformista, y que, también, ha sido capaz de levantarse contra toda tiranía y mandarinato cuantas veces ha sido necesario. Por eso –como nos indicaba Ramón Hernández- la permanencia del fenómeno carlista les resulta algo inconcebible después de casi dos siglos sin haber tomado el mínimo poder.


Publicado en el libro La lucha silenciada del carlismo catalán, bajo el epígrafe de Una presencia permanente. VI.- El Pueblo carlista, la realidad plural del carlismo (Biblioteca Popular Carlista, núm. 17 , Ediciones Arcos, Sevilla 2007)

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19/12/08

La dinastía carlista, otro elemento básico de referencia

Toda organización necesita puntos de referencia y, es evidente que para el Pueblo Carlista la dinastía carlista, la legítima, cumple esa función de conexión. En el transcurso de nuestra historia, la importancia del factor dinástico es indudable y éste se ha de entender como presencia aglutinante, como un elemento positivo de arbitraje, garantía y defensa en la construcción y continuidad del movimiento carlista.


El Pueblo Carlista ha permanecido atento y vigilante para que el orden sucesorio se diera dentro de la legitimidad de ejercicio, porque era el “derecho” por él constituido que hacía invulnerables sus esencias de libertad. Frente a los exegetas de la dinastía usurpadora liberal que imponían en el normal mecanismo sucesorio doctrinas sobre exclusiones por la sangre, el pueblo carlista clamaba por el ejercicio del derecho consuetudinario, que anteponía la legitimidad de ejercicio que condicionaba ese derecho de automatismo de la sangre. De este “derecho popular” nacía el pacto, que constituía la fuente política del ejercicio democrático. Con este pacto y esta doctrina sucesoria o legitimista, los reyes carlistas se erigían en defensores de las libertades populares y se hacía posible esa simbiosis pueblo-dinastía capaz de afrontar los embates del liberalismo y del integrismo. En el Carlismo la legitimidad dinástica radica en el Pacto Pueblo-Dinastía, que se fundamenta sobre el consentimiento libre del pueblo carlista que ejerce su derecho de libre determinación, que tiene carácter universal y cuya inalienabilidad implica que no puede producirse, ni jurídicamente ni por la vía de los hechos, elección alguna que sea irreversible.


En diciembre de 1967, en Lisboa, Don Javier reunía el Capítulo de la Orden de la Legitimidad proscrita. Hacía más de cuarenta años que no se podía realizar una celebración de ese tipo, donde imponer las Cruces concedidas para premiar lealtades y méritos. En este acto, Don Javier recordaba a los presentes que “el Carlismo es más que un concepto de legitimismo. No defiende un derecho puramente histórico, sino la vigencia profunda de la autoridad legítima que sirva al bien común. Cumple unos deberes actuales, una misión plenamente actual. Si es legítimo por su origen lo es también porque se legitima cada día por su actuación."


En Portugal, el 3 de octubre de 1976, Don Carlos Hugo había dejado clara la postura sobre la monarquía. “No hay problema dinástico. Solamente lo habría si dos dinastías compitieran por el mismo trono. Mis metas, las de mi familia no son las de ocupar la jefatura de un Estado, a nuestro juicio autoritario, no democrático e históricamente superado. Nuestras metas son realizar una sociedad nueva, socialista y pluralista. En cuanto a la Monarquía lo plantearemos o no lo plantearemos, según veamos que en ese momento es útil o no al progreso histórico de la sociedad que creemos deseable para España. El problema de la monarquía no lo planteamos como una condición “a priori”, sino como posible complemento o superestructura de un planteamiento histórico revolucionario, que es la realización de una sociedad socialista y de autogestión. Ni yo ni mi familia renunciamos, por ello, a ninguno de los derechos que nos corresponden”.


A su regreso del exilio, don Carlos Hugo de Borbón-Parma declaraba: “No vengo a plantear ningún pleito dinástico, pero tampoco me propongo renunciar a ninguno de los derechos y deberes que me corresponden”. Los carlistas no planteamos un litigio dinástico, sino un pleito político, un proceso esencial de estructuración de abajo arriba de la sociedad y del Estado, que considera siempre que la sociedad y sus cuerpos intermedios son anteriores a la existencia de éste. Un Estado que no es un fin en sí mismo, sino un fin para algo, un algo que es el elemento humano, el garantizar y proteger los intereses de una población, que es la única causa que puede justificar su propia existencia.



El 13 de octubre del 2000, en Trieste, en el II Capítulo General de la Real Orden de la Legitimidad proscrita, Don Carlos Hugo de Borbón Parma añadió algunas consideraciones a las palabras de su padre en el I Capítulo, que reproduzco a continuación:

“La primera es que el Carlismo representa algo único en la Historia, la voluntad de un Pueblo que ha legitimado una Dinastía. Es un pacto entre el Pueblo y una Dinastía. ¿Y esto, qué implica? Implica que el Carlismo a lo largo de ciento setenta años ha hecho cuatro levantamientos, ha perdido cuatro guerras; y la peor perdida ha sido la última, porque no fue una guerra carlista propiamente hablando, y el Carlismo ha sido destrozado. El Carlismo ha sido destrozado pero no vencido. No hay ningún partido político en el mundo actual, ni uno, que tras tales circunstancias haya sobrevivido más de setenta años ¡y nosotros tenemos ciento setenta años! Esto significa que la Dinastía Legitima no busca su legitimidad únicamente en el derecho, aunque lo tenga allí, sino que la busca en el Pacto de la Dinastía con el Pueblo.

Muestra de ese Pacto es aquí, en la Basílica que hemos visitado esta mañana, donde reposan los restos de los reyes carlistas. Ellos no rompieron el Pacto. Estuvieron al lado del pueblo carlista, del pueblo español, para luchar por esas libertades fundamentales a las que nunca podrá renunciar el Carlismo: la Libertad del hombre, la Dignidad de los pueblos y la Justicia en el mundo.

En el momento actual en el que tanto se habla de mundialización, nosotros venimos a ofrecer una solución. Hoy en día el mundo entero está representado en las Naciones Unidas por más de ciento ochenta países, de los cuales las tres cuartas partes son países pobres. La mundialización, la construcción de una unidad mundial es absolutamente necesaria para el desarrollo de todos los pueblos. Pero mientras comprobamos esta necesidad, vemos también sus peligros: que se haga una mundialización a favor de los ricos y no se cuente con los pobres.

Y es la segunda cosa que os quería decir: para evitar la marginación de los más pobres el Carlismo rechaza un sistema mundial que no esté enfocado hacia el bien general y hace un llamamiento a todos los pueblos para que participen en una gran federación que sirva a la protección de la personalidad individual de cada uno como a la personalidad colectiva de todos los miembros de estos mismos pueblos.

Los pueblos de España no responden a una mediación aritmética, jurídica o cuantitativa; son unos pueblos que, con su bagaje histórico, constituyen la identidad de los hombres y de las mujeres que conviven en esas naciones y han formado y forman hoy en día España. Han hecho España. En esa misma línea de libertad de cada pueblo es la razón de estar acogidos y formar parte de la comunidad mundial con el respeto que se debe a cada uno y que proporcione a cada uno la posibilidad de ser dueño de su libertad y de participar de la responsabilidad mundial.

Esto es lo que queremos aportar y, también, lo que quería deciros en este momento en el que nos reunimos aquí para celebrar este acto. No preocuparos de lo que ha pasado, sino de lo que va a ocurrir. He estado muchos años en una universidad y he visto como la sociedad moderna ha comprendido que no puede seguir viviendo lamentándose de la situación actual sino pensando en lo que realmente se puede hacer y cuales son las metas.”


Al concluir este parlamento y tras serle impuesta la Cruz de la Legitimidad proscrita, Don Carlos Javier de Borbón Parma, espontáneamente, dirigiéndose a su Padre, pronunció estas palabras: “Aitá, Padre, haré lo posible para ser digno de tu ejemplo y, con Jaime, Margarita y Carolina recogeremos la Bandera para nuestra generación.”


El papel de árbitro de la situación es una función esencial que el carlismo ha reservado a la dinastía a lo largo de estos siglos, una posición de árbitro que ha de ser entendida por todas las partes. En algunas reuniones determinadas personas expresaban a don Carlos Hugo que mantuviera este papel, que no se decantará hacia ningún sector concreto, y que la posibilidad de acceder hasta él fuera independiente de la postura que adoptase cada uno y de las resoluciones que el partido pudiera tomar sobre personas y casos concretos. Sin duda, el pronunciamiento del Rey legítimo a favor de una tendencia, acabaría por alejar otros sectores. Algunos no entendieron este asunto correctamente y otros muchos, honradamente, no pudieron asumir un radicalismo que en ciertos momentos fue absolutamente pueril. Una época en que, como todos los partidos, el carlista padeció de un cierto mimetismo. Desde la perspectiva actual, pienso que determinadas actuaciones correspondían a la función de un secretario general del Partido y que él hubiera tenido que mantenerse más al margen de la disputas de cada día. La influencia que pudieron ejercer personas como el entonces secretario general del Partido, Pepe Zavala, pudo alejar a los defensores de otros criterios de táctica política.


Entiendo que el pensamiento político de don Carlos Hugo y su familia no difiere esencialmente de la línea política e ideológica que nosotros podamos elaborar en nuestros Congresos y Asambleas.



Publicado en el libro La lucha silenciada del carlismo catalán, bajo el epígrafe de Una presencia permanente. VII.- La dinastía carlista, otro elemento básico de referencia (Biblioteca Popular Carlista, núm. 17 , Ediciones Arcos, Sevilla 2007)
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