13/2/09

Cainismo e impunidad

Los griegos llamaban ethos a la costumbre. Como residuo del comportamiento animal en el ser humano, el cainismo se ha convertido en una mala costumbre de las tierras hispánicas.

Actualmente, se considera que el objeto de la etología, como la rama de la biología y de la psicología experimental, es el estudio del comportamiento de los animales en libertad o en condiciones de laboratorio. Estudia las características distintivas de un grupo determinado y su evolución para la supervivencia del mismo; por extensión, los seres humanos entramos en su campo de estudio. Integradas en su seno la psicología comparada y el conductismo, la etología tratar de describir y comprender la conducta, el instinto, las pautas que guían la actividad innata o aprendida de las diferentes especies animales, y aspectos como la agresividad, el apareamiento, el desarrollo del comportamiento, la vida social, la impronta y otros muchos. En estado salvaje, los animales manejan ciertos códigos impuestos por la propia lucha de supervivencia, por ser el más apto para dirigir una manada o ganarse el derecho a comer o a copular primero.

Día a día, se observa en todo tipo de organizaciones esa conducta agresiva característica de las aves rapaces, consistente en destruir al hermano (o a los menores) por parte del más fuerte, que pasa a acaparar la comida y la atención de sus padres. El Águila Real o los cucos practican el cainismo, y en los tiburones ovovivíparos funciona el canibalismo intrauterino: antes de abandonar el cuerpo de su madre, las crías más fuertes devoran los huevos de los padres sin eclosionar y a sus hermanos más débiles.

Desde que el bíblico Caín, movido por los celos, mató a su hermano Abel, se define el cainismo como actitud vengativa contra los propios familiares, compatriotas o amigos. En Roma fue singular el de Calígula. Entre nosotros, Machado resaltó el de la tierra de Alvargonzález: “mucha sangre de Caín tiene la gente labradora”. El poeta tratará de enseñarnos que las cosas no pueden funcionar si prima la envidia, la maldad y el afán de codicia, y con ellas no podrá existir acuerdo mutuo y que esa maldad impide la prosperidad de la sociedad, que quedará triste y pobre, sin volver a ser lo grande que fue.

Muchos militantes políticos y sindicales atentan contra sus propias compañeras y compañeros. Casi siempre fruto de la corrupción, otras veces por el espionaje de unos sobre otros, y muchas otras por la degradación moral a la que han llegado por su soberbia. Tratan de acabar con el afín por temor a la libertad, por pánico a un mundo exterior al que sienten como una amenaza. Potencialmente asesinos del otro se disfrazan ellos mismos de víctimas. Para disimular su complejo de inferioridad ante lo exterior, paradójicamente, caen en un paletismo que admira todo lo externo y critica desaforadamente lo propio. Ese cainismo-paletismo les hace perder, incluso a dirigentes de partidos centenarios, la perspectiva de su propia organización y la del país en que viven, del que desconocen su nivel de desarrollo obnubilados por otros países-mitos, al tiempo que descartan evidencias innegables como su homologación con cualquier otro país de su entorno, o el hecho de superarlos en aspectos tales como calidad de vida, atención sanitaria, cuidado de los mayores o esperanza de vida...

La actitud y comportamiento del cainita queda al desnudo en los medios de comunicación y en los foros que controla o en los que participa en la red. Si administra un foro borrará todos los comentarios que no sean alabanzas hacia su persona e intereses. Sus lamentables e hirientes comentarios se escudan en el anonimato o en los pseudónimos. En esos foros destaca la tristeza de sus comentarios, su pobreza argumental aunque se diga poseedor de la verdad y se considere el único capaz de otorgar patentes de democracia.

La opinión de los demás, ni el sentido de sus palabras, no le interesa en absoluto, tan sólo constituyen la excusa para sus insultos y descalificaciones. En su inmadurez personal y democrática, como criatura mimada que es, se muestra incapaz de acercarse a sus hermanos, a sus compatriotas y al resto del mundo. En su locura, él mismo interviene para atacar y para defenderse de sus propios ataques. Sabemos por su IP que se pueden llamar Alfonso, Maria de la D o de lo que sea, Maria de la O, Delia, Evaristo, Godofredo, José Jesús, José María, Ludgarda, Paco, Paquito o Patxi y pocos nombres más. Sabemos que, a diario, acuden a su cita internauta para librarse de sus amarguras, de sus frustraciones, para arremeter contra los jóvenes de su misma organización al no haber podido superar el trauma de la pérdida de su propia juventud. Contra todo aquello que se mueve y que suena a alegría, a futuro y a vida, vierten toda su bilis y todo su odio.

Los cainitas se organizan jerárquicamente y unívocamente en torno al presidente o secretario general; es decir, alrededor del jefe, conformando un aparato de anónimos de la política, para luchar por una hegemonía en la esperanza de recoger las migajas del poder. La práctica común del cainismo alcanza su cenit cuando existen más aspirantes que cargos vacantes, o cuando se enajenan locales de la propia organización, y piensan ¡cuántos menos seamos más nos tocará en el reparto de bienes o en el de prebendas del cargo! No están para compartir con nadie, ni para repartir nada, si no para someter a los otros mediante una relación sado-masoquista. Es, entonces, cuando aflora salvaje el sectarismo y a los otros se les amenaza, calumnia, difama, silencia; se les exorciza, se les envía al ostracismo o se les induce a tomar cicuta.

Su fuerte animadversión hacia los afines les lleva a rivalizar con ellos hasta en las cosas más nimias. El cainita no puede admitir que nadie tiene toda la razón; porque su pretensión de dominio le hace olvidar toda unidad táctica y estratégica. Al tratar de imponer su pensamiento único y sus fines sobre la mayoría, y por su incapacidad para obtener la confianza de los demás, el cainita eliminará a todo aquél que no le ría las gracias de su discurso.

En su ardor mesiánico, en su tergiversación de la historia, en su intolerancia hacia las idiosincrasias, el cainita abandona convicciones, si alguna vez las tuvo, y opta por el radicalismo dialéctico para arrinconar a los otros y amedrentar a los propios, a quienes considera traidores por definición. Monotemático en su obsesión, la paranoica redundancia del cainita sólo sabe ver conspiraciones hacia su persona, que pretende trasladarlas hacia su organización como si alguien la estuviera atacando. Acusa a los demás de todo aquello que él hace.

Incapaces de reconocer el fracaso de su idea, los cainitas creen disponer de la mayor impunidad, por lo que se dedican a fomentar el odio, a insuflar el rencor y a satisfacer los bajos instintos del animal que llevan dentro.

Derivado del latín, punir significa castigar y vengar, un verbo que impregna el léxico judicial; pero, como la Justicia considera que esa no es su misión, el delito puede quedar impune si no se castiga, y si el delincuente se va de rositas se genera impunidad. Los políticos que se camuflan bajo las garantías procesales acaban institucionalizando la impunidad política, y proceden a repartirse el poder y a otorgar protección a “sus contribuyentes” como si de una banda de mafiosos se tratara. Como la presencia en las instituciones políticas es el botín que espera a los arribistas, los paganos de estas comisiones –especialmente los constructores- se organizan, conforman listas y se presentan a las elecciones para ahorrarse las mordidas a las organizaciones políticas, ya que los gastos de una campaña electoral supone un coste muy inferior a los impuestos revolucionarios exigidos por los partidos políticos. Así, la contradicción léxica entre punición e impunidad inspira nuestro régimen jurídico, por lo que mafias, matones y pistoleros se van abriendo camino en el seno de las organizaciones y de nuestra sociedad para imponer su justicia.

El objetivo cainita es dividir para vencer, y, con tal de acabar con aquellos a los que ha considerado sus adversarios, arroja piedras contra su propio tejado aunque hunda la casa construida por todos los miembros de la organización y no quede más que ruinas. En su obsesión por gobernar, el cainita se olvida que las urnas castigan las divisiones en los partidos.

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3/1/09

Francesc Macià, un altre colpista més

Pobres los pueblos que necesitan héroes
Bertold Brecht

Tinc davant meu la imatge corresponent a l’homenatge de la tristpartida a l’expresident de la Generalitat Francesc Macià (21.12.1859-25.12.1933). A la foto, un Mosso d’Esquadra, vestit de gala, saluda, per suposat que militarment, tenint a un costat una bandera i a l’altre un Carod-Rovira, en posició de firmes i amb el cap ben alt, més enllà, un Josep Montilla, en una posició menys rígida, i a l’extrem, Saura amb les mans enllaçades davant l’estomac. Veieu que he catalanitzat el nom de l’actual president de la Generalitat. A la foto, sembla que Mosso, Montilla i Saura estiguin pensant: quina mauleria!

Aprofitant l’avinentesa del 75 aniversari de la mort de Macià el dia de Nadal, aquesta Comitiva de la Generalitat li va retre homenatge el dimecres dia 24 de desembre de 2008. Montilla, prudent amb el caire nacionalista de l’acte, destacà d’aquell expresident la tasca de “facilitar l’accés de les classes populars a la governació de Catalunya” i el definí com “un home de pacte, capaç de valorar de forma realista la situació política i actuar en conseqüència”, sense defallir “en la lluita pel reconeixement de la identitat nacional de Catalunya”.

Per alguns aquest panegíric estarà prou bé, però qui era realment Francesc Macià? Sobre aquest polític, malgrat les seves múltiples discrepàncies, els carlins de l’època distingiren clarament llur persona de la seva actuació política i de la gent que l’envoltà. Sens dubte, Macià fou un fenomen a Catalunya, sobre el qual es va crear un mite. Vull apropar-me al personatge real lluny del mite propagandístic.

Cinc cites prou eloqüents


Sense cap comentari, no cal, hi sobra, reproduiré unes cites de diverses dates (que transcric tal com es van escriure), que ens ajudaran a situar aquest personatge.

Del diari de sessions del Congrés de Diputats del 14 de maig de 1907, extrec la intervenció de Macià, com a diputat per les Borges, en la discussió al Missatge de la Corona. Després de dir que havia fet saber als seus electors el contingut del seu discurs, afirmà:

“1º. Que por haber pertenecido al Ejército 30 años le tenía un cariño grandísimo y que el Ejército había de apoyar siempre con sus iniciativas.

2º. Que tenía una deuda de gratitud con don Alfonso XIII y que esta deuda de gratitud le obligaba por toda su vida a ser partidario de don Alfonso XIII.

3º. Que apoyaría cualquier ley favorable a su España”


En qualsevol dels diaris del dia 15 d’abril de 1931, apareixen atribuïdes a Macià aquestes paraules: “La meva gran alegria es haber contribuït a enderrocar al darrer Borbó i a l’adveniment de la República”

Anys abans, al 1920 es publicava a l’Estat Català la següent al•locució de Macià: “Volem Catalunya lliure, sense ingerències estranyes, amb Poder independent per tractar de tu a tu amb qualsevol altra nacionalitat. Rebutgem amb repugnancia els negociadors de l’autonomia que fan Catalunya objecte d’un vil mercadeig. Volem la lliure independència, amb dignitat, sense pasteleigs...”

El 2 d’octubre de 1922, alguns separatistes es reunien a l’Havana sota la presidència de Macià, per aprovar una Constitució que deia: “Es la nostra voluntat i decissió ferma, valdre’ns dels medis revolucionaris per a independitzar-se de l’Estat Espanyol”. Textualment, el seu primer article diu: “El poble de Catalunya, en l’exercici del dret immanent que li correspòn, de donar-se per voluntat pròpia, sense ingerències estranyes, la seva organització política, es constitueix en Estat independent i sobirà”.

Malgrat això, la premsa del dia 25 d’octubre de 1931 reproduí aquestes paraules de Macià a l’Estat Català: “Jo no soc separatista en aquest moment, i no solament crec que no s’ho ha d’èsser, sinò que en ço que jo pugui perseguiré els que en siguin”.

L’acció d’aquells demòcrates republicans i esquerrans


El 17 d’agost de 1930 els partits republicans es reuneixen en San Sebastián per establir un Pacte per enderrocar la Monarquia i per al repartiment del poder. Per Catalunya assistiren Estat Català, Acció Catalana i Acció Republicana. Signaran també: Lerroux, Azaña y Alcalá Zamora. Acordaran el tractar d’implicar a la CNT en el Comitè Revolucionari, al qual s’afegirà el Partit Socialista malgrat no ser un dels firmants del pacte.

Enrere havien quedat els dies de Macià com a diputat per Solidaritat Catalana, o els de l’assonada de Prats de Molló de 1926. El 25 de setembre de 1930, en fer-ho retornar a l’exili, Macià havia adquirit certa popularitat, i, juntament amb el seu cabell i bigot blanc, la seva silueta flaca i senyorial contribueixen a crear-li la fama d’Avi. Sota el seu aspecte de ex militar, catòlic, i home sever en la seva conducta, amagava la seva condició de terratinent i conservador en els seus modals.

Els mitjans carlins protesten pels procediments dictatorials emprats contra Macià, tot i això que “No militem en les fileres del partit extremista que acabdilla D. Francesc Macià, ni ens entusiasmen els seus procediments ni les seves doctrines.” (El Cas “Macià”, article publicat a Joventut, núm. 619, de l’1 d’octubre de 1930).

I arriba el temps de les eleccions municipals, en conèixer el triomf en algunes ciutats dels seus candidats, les esquerres i els republicans aprofiten per donar el seu cop d’Estat i proclamar la República, en considerar unilateralment aquestes eleccions un plebiscit contra la monarquia d’Alfons XIII. Amb la presa dels carrers pretenien donar la sensació de triomf, malgrat que les candidatures monàrquiques havien obtingut 22.150 regidors enfront dels 5.775 republicans, segons Víctor Alba, que era membre del POUM. Joaquín Arrarás establirà la xifra dels regidors republicans en 5.875. Però, la majoria dels intel•lectuals que s’anomenaran demòcrates, republicans i d’esquerra, catedràtics com Jordi Solé Tura i un llarg etcètera, ometran sempre els resultats reals d’aquelles eleccions, ja que pensen que, malgrat el sufragi directe i universal, només els votants republicans eren els únics conscients, i per tant la seva interpretació la única legítima, mentre que els votants monàrquics eren “incapaços” i “subjugats”. ¡Quina concepció de la democràcia!

A les dues de la tarda del 14 d’abril de 1931, reunits en una llibreria del barri gòtic de Barcelona, Macià i altres dirigents de l’Esquerra decideixen proclamar la República i es dirigeixen cap a la plaça Sant Jaume de Barcelona. Companys, elegit regidor, entra a l’Ajuntament amb el seu seguici i l’arrabassa la vara a l’alcalde Martínez Domingo, surt al balcó i col•loca una bandera republicana, i comença a parlar a la plaça on, per atzar, es troben menys d’una cinquantena de persones, que no poden sentir la seva veu. Altres esquerrans es treballen les Rambles per atreure gent cap a la plaça de l’Ajuntament. Mentre al palau de la Diputació, Macià, a empentes treu per la força al seu president, el catalanista Joan Maluquer i Viladot (1856-1940). Protegits per una guàrdia de joves esquerrans, Macià surt al balcó i proclama:

“Catalans: Interpretant el sentiment i els anhels del poble, proclamo la República Catalana com Estat integrant de la Federació Ibèrica. D’acord amb el president de la República federal espanyola, senyor don Niceto Alcalá Zamora, amb el qual hem ratificat els acords presos en el Pacte de Sant Sebastià, em faig càrrec provisionalment de les funcions de president del Govern de Catalunya, esperant que el poble espanyol i el català expressaran quina és en aquests moments la seva voluntat. En fer aquesta proclamació, amb el cor obert a totes les esperances, ens conjurem i demanem a tots els ciutadans de Catalunya que es conjurin amb nosaltres per fer-la prevaler pels mitjans que siguin, encara que calgués arribar al sacrifici de la pròpia vida. Preguem que cada català, així com tot ciutadà resident a Catalunya, es faci càrrec de l’enorme responsabilitat que pesa en aquests moments sobre nosaltres. Tot aquell, doncs, que pertorbi l’ordre de la naixent República Catalana serà considerat com un agent provocador i com un traïdor a la Pàtria. Esperem que sabreu tots fer-vos dignes de la llibertat que ens hem donat i de la justícia que, amb l’ajut de tots, anem a establir. Ens apoiem en coses immortals com són els drets dels homes i dels pobles i, morint si és necessari, no podem perdre. En proclamar la nostra República, fem arribar la nostra veu a tots els pobles d’Espanya i del món, demanant-los que estiguin espiritualment al nostre costat i enfront a la monarquia borbònica que hem enderrocat, i els oferim aportar tot el nostre esforç i tota l’emoció del nostre poble renaixent per afirmar la pau internacional. Per Catalunya, pels altres pobles germans d’Espanya, per la fraternitat de tots els homes i de tots els pobles, sapigueu fer-vos dignes de Catalunya.”


Per la mateixa regla de tres, el lerrouxista Emiliano Iglesias, tan colpista com Macià i Companys, com a membre integrant del Pacte de Sant Sebastià i com la força millor situada a Barcelona rera l'Esquerra, s’havia instal•lat en el Govern Civil. Companys, amb un grup d’obrers armats de la CNT, pren el Govern Civil i l’expulsen, arrabassant-li Companys aquest càrrec. Les botigues i fàbriques tanquen les seves portes, i s’obliga a que sonin les sirenes sense cessar. Els familiars dels presos fan obrir les portes de les presons. El general republicà Eduardo López Ochoa ocupa la Capitania militar, i oficials republicans entren a les casernes i fan sortir els soldats per deixar els oficials sense forces sota el seu comandament. Per la ràdio, es transmeten en català discursos i els primers decrets de la República catalana. Macià nomena Companys, governador, i a López Ochoa, capità general. La policia i la guàrdia civil es queden a les casernes.

A mitja tarda, cridant incessantment, els joves de l’Esquerra tracten d’imposar el seu crit de Mori en Cambó! Visca en Macià!. Un crit que assenyalava ja el sentit que pels esquerrans i republicans tindrà el respecte a la vida i al dret al llarg de tota la República. La ingenuïtat dels manifestants és gairebé absoluta en creure que tots els problemes estan solucionats i que la llibertat serà una realitat. Qualsevol crit de Visca el Rei! serà silenciat amb pallisses.

Macià, com la resta dels republicans a Espanya, estan decidits a afermar el seu cop d’Estat. Un exemple: Constantí, ens aproparà a la idea de llibertat i de respecte al dret de Macià i els seus d’ençà el primer moment de la república. Així, doncs, a Constantí, l’Ajuntament hauria de quedar conformat per dos regidors de la Lliga Regionalista, quatre monàrquics i quatre republicans. Però, el dia 15 d’abril de 1931, a les 6,45 hores, Macià va enviar un telefonema a la Joventut Catalanista Republicana de Constantí perquè s’apoderés immediatament de l’Ajuntament, hi proclamés la República Catalana i hi formés un nou consistori. El text del telefonema, signat per un Macià president, que reproduïm tal qual, era el següent:

“Regidors Republicans Catalanistes: Elegits diumenge tenen encautarse inmediatament de aquest Ajuntament per ordre del Gobern Provisional República Catalana. Si fosin minoria completis ab President Entitats Republicanas. Proclamis República Catalana i remetis Secretaria Presidencia Palau Generalitat Barcelona confirmació oficial urgent per escrit ab nous Alcalde i membres Comité Provisional Ajuntament. Indispensable manteniment ordre”



A les 10,25 hores, el governador civil de Tarragona, Macià Mallol, envià un altre missatge per confirmar de que es procediria a proclamar el règim republicà. Les instruccions de Francesc Macià, de Macià Mallol i de Nogués (president de la Diputació) de Tarragona serien constants en aquests dies. Tots els ajuntaments obeint les ordres dels Governs provisionals de la República Federal i de la República catalana decreten festa nacional per al dia 15, a l’efecte de que a la tarda el poble celebri “festa per a associar-se a l’entusiasme general del país”.

Macià, amb la seva proclama, ha fet un mal servei a la República. Per això, el mateix dia 15 d’abril arriben a Barcelona tres ministres del govern provisional: els catalans Nicolau d’Olwer i Marcel•lí Domingo, i el ministre de Justícia, el socialista Fernando de los Ríos. Es reuneixen amb Macià i altres membres del govern català. De los Ríos suggereix que s’utilitzi el nom de Generalitat. Macià que, pràcticament, no parlarà durant els dos dies que durarà la reunió, digué: “De acuerdo, desde ahora, el gobierno de la República Catalana se convierte en gobierno de la Generalidad”.

Macià reiterarà fins a la sacietat la seva promesa de La Caseta i l’hortet en els seus discursos per atreure a la classe mitjana, els empleats, els buròcrates i els obrers. Aquesta promesa mai passaria de ser un ensonyament. Però, el sistema que precisava de la concentració d’indústries i d’una producció racionalitzada s’encarregarà de fer volar aquest somni. En un tot s’hi val, la seva propaganda mesclarà reivindicacions catalanistes, socials i de llibertats.

El filòsof José Ortega y Gasset, en un article publicat en Crisol (Madrid, 9 de setembre de 1931), expressarà el seu desencís amb la República:

“Una cantidad inmensa de españoles que colaboraron al advenimiento de la República, con su acción, con su voto, o con la esperanza, se dicen ahora entre desconcertados y descontentos: ¡No es esto, no es esto!”


L’ídol caigut


Macià, que s’havia apoderat del càrrec de president de la Generalitat, romandrà en ell fins a la seva mort. Al terratinent Macià, amb els successius afers que l’envoltaren al llarg de la seva vida, una part de Catalunya l’havia convertit en un ídol. Encara que la seva presència mostrava un cert caire de governant, va perdre, però, la possibilitat d’ésser el símbol de Catalunya, en acabar presoner dels seus consellers, del sindicalisme únic i dels escamots esquerrans.

El carlista Tomàs Caylà, en el seu article L’ídol caigut (Joventut, núm. 690, del 9 de desembre de 1931), defineix aquesta situació:

“L’espectacle que ens està donant de fa algun temps l’esquerra catalana, no pot ésser més deplorable. El descrèdit més vergonyós cau damunt dels homes de Catalunya, que estan fent mal veure la nostra terra als ulls de la humanitat sencera.

Un home hi havia que tingué a les seves mans, ésser el símbol de Catalunya, representar la plasmació de les aspiracions de nostra terra, i que en realitat en els primer dies de la proclamació de la República fou l’ídol de la gent catalana.

Si aquest home havés sabut mantenir-se a l’altura que corresponia, el primer magistrat de Catalunya tindria al seu redós tot el nostre poble, freturós de reconquerir les seves tradicionals llibertats.

Però aquest home ha preferit al cabdillatge del poble català la servitud als homes de l’esquerra. Presoner del sindicalisme anti-social i anti-català primer i dels escamots esquerrans després, la seva actuació que podia i devia merèixer el respecte de tots els catalans, ha acabat en la ridícola comparsa d’uns partits que han assaltat a la descarada la hisenda i la economia catalanes.

Francesc Macià, el polític, s’ha perdut el dret al respecte dels ciutadans. El seu cabdillatge de la Generalitat, rodejat de consellers que han donat proves de la seva ineptitud i voltat per una caricaturesca guàrdia pretoriana, no pot satisfer ningú. I per això de dia en dia el divorci entre Catalunya i el seu president va esdevenint més notable.

Avui Francesc Macià és l’ídol caigut del poble català”


En agost de 1932, els carlins criticaran a Esquerra Republicana i a la Generalitat pels bellugueigs en el tema de l’Estatut i per cedir davant el poder central i demanar una misericordiosa concessió. El dia 3, en Joventut, el carlí Tomàs Caylà utilitzarà la frase del propi Macià per elaborar l’article Ja som lliures! , que començava així:

“Fa un any, després de la votació de l’Estatut de Catalunya, en Francesc Macià, des del sitial de primer magistrat de Catalunya exclamava “Ja som lliures!” com volent donar a entendre que la voluntat de Catalunya més o menys ben expressada en l’Estatut votat seria respectada per tothom.

Ha passat un any i malgrat el constant i infantívol optimisme del Sr. Macià i malgrat la farsa republicana del pacte de San Sebastián aquella exclamació del “ja som lliures!” ha esdevingut quelcom tan fora de lloc, tan lluny de la realitat, que fa somriure a qui la recordi...”


La manipulació del seu comiat


Després de patir una curta malaltia, i de confessar-se amb el cardenal Vidal i Barraquer el dia 23 de desembre de 1933, sense poder rebre el Viàtic a causa dels seus vòmits, amb mostres de gran devoció el dia 25 se l’administrà l’extremuncio i l’absolució in extremis de part del Doctor Berenguer, prior de la capella de Sant Jordi. Macià que va néixer i fou educat en la fe catòlica, en els últims moments de la seva vida va cercar el consol de la Religió, i morí aquest mateix dia de Nadal besant el crucifix de la seva germana religiosa. Però, malgrat que va morir en la pau del senyor, els polítics esquerrans del seu entorn l’arrabassaren la creu de les mans i el passejaren pels carrers de Barcelona per donar-li uns freds honors oficials, en negar-li unes exèquies catòliques i substituir-les per un imposat enterrament laic. El que fos conseller de Governació, Joan Selves, va disfressar la mort del president Macià en el si de l’Església i va organitzar la pantomima laica. Precisament, aquest mateix Joan Selves morí el 3 de juliol de 1934, reconciliat amb l’Església i havent rebut els sagraments. Senda de reconciliació que seguirien altres diputats i personalitats esquerranes i republicanes que es caracteritzaren per consentir, i, sovint, donar suport a la persecució religiosa en aquest període històric. Una persecució que no es va aturar ni en el tema de mort amb la política de secularització dels cementiris.

Però, en el cas de Macià la disbauxa dels seus no tindrà fi. Sobre el cos de Francesc Macià exerciran una veritable mostra de parafernàlia necrològica, de necrofília, de necrofàgia o com vostès li vulguin dir. Li van extreure el cor del seu cadàver poc després de morir. Des del gener de 1939 el cor de Macià romandrà en poder de Josep Tarradellas. En tornar aquest de l’exili, el dia 10 d’octubre de 1979 tindrà lloc una cerimònia de “retrobament amb les seves despulles” en el cementiri de Montjuïc, en el transcurs de la qual es restituirà a la seva tomba aquesta viscera muscular, impulsora de la circulació de la sang. ¡¡¡Quina incapacitat la d’aquests republicans per respectar les darreres voluntats de la gent!!!

Successió entre colpistes


Hereu i aprenent del colpista Macià, amb Lluís Companys la Generalitat, sense canviar l’orientació si canviarà d’estil i reforçarà l’agitació sobre la governabilitat en un camí indefugible cap el caos. Els escamots prendran cada vegada més força parapolicial i Companys durà Catalunya cap el 6 d’octubre, un dels més de quatre-cents aixecaments republicans contra la República.

En aquestes alçades del segle XXI, ningú no pot negar que el règim republicà va néixer d’un cop d’Estat. Resulta infantil, doncs, continuar mantenint criteris tals com: que si l’aixecament contra un poder ho fan les dretes, aleshores es tracta d’un cop d’Estat; però, si el fan les esquerres, llavors es tracta d’una revolució.

¿I què és un cop d’Estat més que una acció violenta d’apropiació dels instruments del poder per una minoria armada, producte de voluntats circumstancials que es concentren en problemes de tècnica operacional? Encara que es disfressin de revolució amb arrels històrics i posin en joc motivacions ideològiques més o menys afirmades amb claredat, continuarà essent un cop d’Estat. Malgrat aquesta fútil diferència de naturalesa, les relacions entre revolució i cop d’Estat són múltiples. Sens dubte la més important és la destrucció del principi de legitimitat que assegura la transmissió del poder en un Estat no reduït a la dimensió exorbitant i mesquina del règim o del partit. La revolució converteix en inevitables els cops d’estat ulteriors, en ser l’únic mitjà d’arreglar els conflictes de successió entre els competidors sorgits de la matriu revolucionària. Poc importa que el cop d’estat sigui personal, estès a la facció o ampliat als grups aliats, estem, doncs, en un circuit tancat on el monopoli del poder extorsiona qualsevol repartiment de rols i on les institucions no tenen altre funció que la de servir de decorat per representar la parodia de la lliure elecció de les masses; és a dir, per recobrir una societat sense voluntat general, on impera l’ambició humana i les seves violències i on es concatenen fredament els assassinats ja que es valoren més els objectes (apoderar-se d’una central elèctrica, telefònica, un aeroport, una emissora de ràdio i televisió, o una instal•lació de radar) que les persones.

Els autors d'un cop d’estat pateixen dues complexes: el de respectabilitat i el de durada. Segons el públic al qual s’adrecin, anuncien un rigorós ordre exemplar o prometen justícia als que ja no l’esperaven. És un maneig polític que crea equivoc i produeix confusió en l’opinió popular i, inclús en els grups addictes al règim. Un règim sorgit d’un cop d’estat es crea una clientela i es compromet en una “obra”, per a la qual crea organitzacions piramidals de tipus mobilitzador que seran la seva font intel•lectual i política, i les encarregades d’aprovisionar el futur mitjançant un reclutament més per complicitat que per convicció. I, amb un evident perill, ja que els còmplices solen canviar de bàndol.


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22/12/08

El Pueblo Carlista, la realidad plural del Carlismo

El término Pueblo deriva del latín populus y puede remitir, en un sentido de sociedad, a un conjunto de habitantes de una nación (o a una parte de ella, de una región o un país). Como acepción de ruralidad considera una entidad de población de menor tamaño que una villa o ciudad, dedicada principalmente a tareas agrícolas. Nosotros, lo entendemos en el sentido de pueblo llano, de clases populares, que en cada época ha sido conocido por diversos nombres. El común era el pueblo llano. Y el Carlismo siempre ha hablado del común, siempre ha opuesto el concepto de Pueblo al de masas, conjunto de individuos, etc.


Sin duda, algunos se rasgan las vestiduras cuando nos definimos como pueblo carlista, para éstos resulta complejo y polémico que nos definamos así. Pero, es evidente que el pueblo carlista posee unas características que lo identifican y lo diferencian del resto de habitantes del Estado en el que se encuentra englobado. Esta conciencia de pertenencia al Pueblo Carlista, deseoso de preservar la paz y la seguridad, favorece la protección de los derechos humanos de sus miembros ante los ataques sufridos por el aparato del Estado o de quienes, a lo largo de los últimos tres siglos, se han declarado sus enemigos, decretando su persecución o su discriminación extrema y sistemática, sin que parezca existir una solución factible para que desaparezca esta actitud represiva.


Ante este término polémico y que no ofrece un único significado, es común en la doctrina internacionalista y en el criterio de determinados organismos de Naciones Unidas elaborar sus definiciones mediante la conjunción de un elemento objetivo y otro subjetivo.


El elemento objetivo de esta definición lo constituye el conjunto de características que como grupo reúne, en su totalidad o en parte, y que establecen un vínculo entre sus miembros, que es muy superior a la simple asociación de individuos dentro de un estado. Entre otras características objetivas, el pueblo carlista presenta la existencia de una tradición histórica común, de identidad, de homogeneidad cultural, de respeto a las variantes lingüísticas de cada uno de los pueblos de las España, afinidad religiosa e ideológica, conexión geográfica o territorial, vida económica común e importancia cuantitativa.

El elemento subjetivo guarda correspondencia con la conciencia de ser un pueblo y, también, con la voluntad de que se le identifique como tal. A estos efectos, el pueblo carlista está dotado de instituciones y otros medios para expresar sus características comunes y su deseo de mantener su manifiesta identidad.

El Pueblo Carlista es una realidad incontestable en el conjunto del Carlismo. Unas personas con conciencia de ser un Pueblo, que tiene una personalidad muy acusada y una visión particular de la vida cotidiana y que, sobre todo, no está para mimetismos con otros fenómenos políticos, sean éstos del tipo que sean. El Pueblo Carlista no entiende los bandazos en política, y cuando al carlista no le queda algo claro se retira a su casa para que nadie le pueda utilizar, y vuelve a la palestra cuando la libertad de sus Pueblos, la Patria y el Rey le necesitan, cuando se ejerce un liderazgo de forma nítida, diáfana, y de carácter unitario y no disgregador. Uno de los rasgos más acusados de este Pueblo, honrado y combativo, es la fidelidad a unas ideas, a una forma de hacer, a un partido aunque jamás éste haya palpado poder. Su concepción foral de la vida le permite estar abierto a la defensa de todo derecho de las personas, sociedades intermedias y pueblos de las Españas. Su sentido foral le impele a hacer hincapié en las libertades municipales, porque son las leyes, la legislación, la gestión que percibe más el ciudadano, harto ya de pagar impuestos a la provincia, a la Comunidad Autónoma, al Estado, y ahora a Europa. Percibir que tu calle está asfaltada, que la alcantarilla funciona correctamente, etc. induce a participar en la vida pública. Esto era el foralismo, el poder legislar lo más próximo. Basándose en esta idea, el Pueblo Carlista defendió siempre soluciones comunitarias a los problemas: bienes comunales, acción Cooperativista agraria, industrial, la defensa de cosas concretas. El Pueblo Carlista está harto de abstracciones que son propias del universo liberal, y quiere libertades concretas con sus derechos y obligaciones y que sean trasladables al día a día y no estén reservadas para su discusión en las salas de justicia. Quien se pretenda carlista y olvide en sus líneas programáticas y de acción que existe ese sentimiento de ser pueblo carlista, no tiene nada que hacer.


Los intelectuales liberales, los políticos profesionales al servicio permanente del sistema, en su obsesión por el poder podrán elucubrar cuanto que deseen, y vivir así del cuento unas temporadas más a costa de denigrar el carlismo, pero nunca entenderán a un Pueblo como el carlista, que siempre ha sido antidictatorial, que fue antifranquista cuando tuvo que serlo, que se ha mostrado históricamente antiuniformista, y que, también, ha sido capaz de levantarse contra toda tiranía y mandarinato cuantas veces ha sido necesario. Por eso –como nos indicaba Ramón Hernández- la permanencia del fenómeno carlista les resulta algo inconcebible después de casi dos siglos sin haber tomado el mínimo poder.


Publicado en el libro La lucha silenciada del carlismo catalán, bajo el epígrafe de Una presencia permanente. VI.- El Pueblo carlista, la realidad plural del carlismo (Biblioteca Popular Carlista, núm. 17 , Ediciones Arcos, Sevilla 2007)

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19/12/08

La dinastía carlista, otro elemento básico de referencia

Toda organización necesita puntos de referencia y, es evidente que para el Pueblo Carlista la dinastía carlista, la legítima, cumple esa función de conexión. En el transcurso de nuestra historia, la importancia del factor dinástico es indudable y éste se ha de entender como presencia aglutinante, como un elemento positivo de arbitraje, garantía y defensa en la construcción y continuidad del movimiento carlista.


El Pueblo Carlista ha permanecido atento y vigilante para que el orden sucesorio se diera dentro de la legitimidad de ejercicio, porque era el “derecho” por él constituido que hacía invulnerables sus esencias de libertad. Frente a los exegetas de la dinastía usurpadora liberal que imponían en el normal mecanismo sucesorio doctrinas sobre exclusiones por la sangre, el pueblo carlista clamaba por el ejercicio del derecho consuetudinario, que anteponía la legitimidad de ejercicio que condicionaba ese derecho de automatismo de la sangre. De este “derecho popular” nacía el pacto, que constituía la fuente política del ejercicio democrático. Con este pacto y esta doctrina sucesoria o legitimista, los reyes carlistas se erigían en defensores de las libertades populares y se hacía posible esa simbiosis pueblo-dinastía capaz de afrontar los embates del liberalismo y del integrismo. En el Carlismo la legitimidad dinástica radica en el Pacto Pueblo-Dinastía, que se fundamenta sobre el consentimiento libre del pueblo carlista que ejerce su derecho de libre determinación, que tiene carácter universal y cuya inalienabilidad implica que no puede producirse, ni jurídicamente ni por la vía de los hechos, elección alguna que sea irreversible.


En diciembre de 1967, en Lisboa, Don Javier reunía el Capítulo de la Orden de la Legitimidad proscrita. Hacía más de cuarenta años que no se podía realizar una celebración de ese tipo, donde imponer las Cruces concedidas para premiar lealtades y méritos. En este acto, Don Javier recordaba a los presentes que “el Carlismo es más que un concepto de legitimismo. No defiende un derecho puramente histórico, sino la vigencia profunda de la autoridad legítima que sirva al bien común. Cumple unos deberes actuales, una misión plenamente actual. Si es legítimo por su origen lo es también porque se legitima cada día por su actuación."


En Portugal, el 3 de octubre de 1976, Don Carlos Hugo había dejado clara la postura sobre la monarquía. “No hay problema dinástico. Solamente lo habría si dos dinastías compitieran por el mismo trono. Mis metas, las de mi familia no son las de ocupar la jefatura de un Estado, a nuestro juicio autoritario, no democrático e históricamente superado. Nuestras metas son realizar una sociedad nueva, socialista y pluralista. En cuanto a la Monarquía lo plantearemos o no lo plantearemos, según veamos que en ese momento es útil o no al progreso histórico de la sociedad que creemos deseable para España. El problema de la monarquía no lo planteamos como una condición “a priori”, sino como posible complemento o superestructura de un planteamiento histórico revolucionario, que es la realización de una sociedad socialista y de autogestión. Ni yo ni mi familia renunciamos, por ello, a ninguno de los derechos que nos corresponden”.


A su regreso del exilio, don Carlos Hugo de Borbón-Parma declaraba: “No vengo a plantear ningún pleito dinástico, pero tampoco me propongo renunciar a ninguno de los derechos y deberes que me corresponden”. Los carlistas no planteamos un litigio dinástico, sino un pleito político, un proceso esencial de estructuración de abajo arriba de la sociedad y del Estado, que considera siempre que la sociedad y sus cuerpos intermedios son anteriores a la existencia de éste. Un Estado que no es un fin en sí mismo, sino un fin para algo, un algo que es el elemento humano, el garantizar y proteger los intereses de una población, que es la única causa que puede justificar su propia existencia.



El 13 de octubre del 2000, en Trieste, en el II Capítulo General de la Real Orden de la Legitimidad proscrita, Don Carlos Hugo de Borbón Parma añadió algunas consideraciones a las palabras de su padre en el I Capítulo, que reproduzco a continuación:

“La primera es que el Carlismo representa algo único en la Historia, la voluntad de un Pueblo que ha legitimado una Dinastía. Es un pacto entre el Pueblo y una Dinastía. ¿Y esto, qué implica? Implica que el Carlismo a lo largo de ciento setenta años ha hecho cuatro levantamientos, ha perdido cuatro guerras; y la peor perdida ha sido la última, porque no fue una guerra carlista propiamente hablando, y el Carlismo ha sido destrozado. El Carlismo ha sido destrozado pero no vencido. No hay ningún partido político en el mundo actual, ni uno, que tras tales circunstancias haya sobrevivido más de setenta años ¡y nosotros tenemos ciento setenta años! Esto significa que la Dinastía Legitima no busca su legitimidad únicamente en el derecho, aunque lo tenga allí, sino que la busca en el Pacto de la Dinastía con el Pueblo.

Muestra de ese Pacto es aquí, en la Basílica que hemos visitado esta mañana, donde reposan los restos de los reyes carlistas. Ellos no rompieron el Pacto. Estuvieron al lado del pueblo carlista, del pueblo español, para luchar por esas libertades fundamentales a las que nunca podrá renunciar el Carlismo: la Libertad del hombre, la Dignidad de los pueblos y la Justicia en el mundo.

En el momento actual en el que tanto se habla de mundialización, nosotros venimos a ofrecer una solución. Hoy en día el mundo entero está representado en las Naciones Unidas por más de ciento ochenta países, de los cuales las tres cuartas partes son países pobres. La mundialización, la construcción de una unidad mundial es absolutamente necesaria para el desarrollo de todos los pueblos. Pero mientras comprobamos esta necesidad, vemos también sus peligros: que se haga una mundialización a favor de los ricos y no se cuente con los pobres.

Y es la segunda cosa que os quería decir: para evitar la marginación de los más pobres el Carlismo rechaza un sistema mundial que no esté enfocado hacia el bien general y hace un llamamiento a todos los pueblos para que participen en una gran federación que sirva a la protección de la personalidad individual de cada uno como a la personalidad colectiva de todos los miembros de estos mismos pueblos.

Los pueblos de España no responden a una mediación aritmética, jurídica o cuantitativa; son unos pueblos que, con su bagaje histórico, constituyen la identidad de los hombres y de las mujeres que conviven en esas naciones y han formado y forman hoy en día España. Han hecho España. En esa misma línea de libertad de cada pueblo es la razón de estar acogidos y formar parte de la comunidad mundial con el respeto que se debe a cada uno y que proporcione a cada uno la posibilidad de ser dueño de su libertad y de participar de la responsabilidad mundial.

Esto es lo que queremos aportar y, también, lo que quería deciros en este momento en el que nos reunimos aquí para celebrar este acto. No preocuparos de lo que ha pasado, sino de lo que va a ocurrir. He estado muchos años en una universidad y he visto como la sociedad moderna ha comprendido que no puede seguir viviendo lamentándose de la situación actual sino pensando en lo que realmente se puede hacer y cuales son las metas.”


Al concluir este parlamento y tras serle impuesta la Cruz de la Legitimidad proscrita, Don Carlos Javier de Borbón Parma, espontáneamente, dirigiéndose a su Padre, pronunció estas palabras: “Aitá, Padre, haré lo posible para ser digno de tu ejemplo y, con Jaime, Margarita y Carolina recogeremos la Bandera para nuestra generación.”


El papel de árbitro de la situación es una función esencial que el carlismo ha reservado a la dinastía a lo largo de estos siglos, una posición de árbitro que ha de ser entendida por todas las partes. En algunas reuniones determinadas personas expresaban a don Carlos Hugo que mantuviera este papel, que no se decantará hacia ningún sector concreto, y que la posibilidad de acceder hasta él fuera independiente de la postura que adoptase cada uno y de las resoluciones que el partido pudiera tomar sobre personas y casos concretos. Sin duda, el pronunciamiento del Rey legítimo a favor de una tendencia, acabaría por alejar otros sectores. Algunos no entendieron este asunto correctamente y otros muchos, honradamente, no pudieron asumir un radicalismo que en ciertos momentos fue absolutamente pueril. Una época en que, como todos los partidos, el carlista padeció de un cierto mimetismo. Desde la perspectiva actual, pienso que determinadas actuaciones correspondían a la función de un secretario general del Partido y que él hubiera tenido que mantenerse más al margen de la disputas de cada día. La influencia que pudieron ejercer personas como el entonces secretario general del Partido, Pepe Zavala, pudo alejar a los defensores de otros criterios de táctica política.


Entiendo que el pensamiento político de don Carlos Hugo y su familia no difiere esencialmente de la línea política e ideológica que nosotros podamos elaborar en nuestros Congresos y Asambleas.



Publicado en el libro La lucha silenciada del carlismo catalán, bajo el epígrafe de Una presencia permanente. VII.- La dinastía carlista, otro elemento básico de referencia (Biblioteca Popular Carlista, núm. 17 , Ediciones Arcos, Sevilla 2007)
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