1/8/16

Tras el 26-J, siguen sin dar la talla

Continuamos con el esperpento del sectarismo político. Como para preguntarse: ¿a quién le importa los graves problemas que tiene España?

Sin priorizar, enumeraré algunos:
* Golpe de Estado programado desde el separatismo catalán, que confunde la autonomía organizativa de las instituciones con el apropiárselas para su propio y exclusivo beneficio.
* Inestabilidad política derivada de la ausencia de sentido de Estado de unos dirigentes políticos que plantean debates artificiales para romper la convivencia en la sociedad y algunos de ellos confían en alcanzar el poder mediante la prédica del odio.
* Corrupción política y social generalizada, que aleja las inversiones y las oportunidades de crecimiento..
* Déficit público sin resolver y cuya solución, por lo visto y oído, no está cerca.
* Deuda soberana que sobrepasa nuestra capacidad de generación de PIB y que, si la bonanza acompañara, eliminarla nos llevaría hasta el 2050.
* Austeridad y control del gasto público.
* Compromisos para recuperar la credibilidad en Europa.
* Administración Pública sobredimensionada, incapaz de redistribuir sus recursos humanos, y sometida al nepotismo de partidos políticos y organizaciones que la usan para colocar afiliados y parientes, aunque no sepan hacer la O con un canuto. Las pruebas objetivas y la transparencia para proveer las plazas públicas llevan camino de pasar a la historia.
* Amenazas continuadas por parte del yihadismo, ávido de nuevas masacres y acciones terroristas en nuestra Patria.

El quinteto maléfico, con el maquinador Artur Mas al fondo, ¿conseguirá barrer la casa o acabará derribándola?

Ha pasado un mes y los líderes políticos siguen con su Cortejeo de Pavo Real, pavoneándose ante sus electores y escenificando posturas de cara a la galería. La izquierda y sus marcas blancas mantienen su estrategia y sus pretensiones. Pero, en el 26-J los votantes los dejaron fuera de juego y en esa posición permanecen. Olvidan que el gran triunfador de aquella jornada fue el abstencionismo. Tampoco han sabido valorar que, a pesar de tener que imponer recortes y sacrificios muy severos en la legislatura, Rajoy volvió a ganar.

El PSOE, que intuía sus exequias en el 26-J, se paseó feliz por Mojácar para acabar redactando manifiestos de apoyo a su candidato, pese a tener los peores resultados de su reciente historia. Podemos, sin poder nada, se lame los sarpullidos de escándalos que van cubriendo su epidermis, y continúa sin poder engullir al PSOE. De momento, los podemitas se distancian de la Grecia de Syriza, de la Venezuela de Maduro y silencian sus compromisos con el Irán de los Ayatolás. Además, su entente con IU, en lugar de sumar, restó votos. En general, se podría decir que allí donde gobierna Podemos ha perdido votos.

Ciudadanos, tras intentar pescar votos en los caladeros de PP y PSOE, anda obsesionado con pasarle la presión de la negociación al PSOE. En el camino ha moderado su beligerancia contra el nacionalismo y ha ido dejando mensajes contradictorios para no ajuntar a Rajoy.

Aprovechándose de la estrechez de miras de PP, PSOE o C's, los separatistas catalanes siguen con su monotema de la independencia, asociándose con todo tipo de gentes nada presentables.

Casi al unísono, gran parte de los ciudadanos, incluso votantes del PP, PSOE o C's, a las preguntas sobre nuestro futuro inmediato concluyen que España no puede continuar así. Pero, cuando a esa cuestión responden los llamados expertos, ya sean politólogos o políticos sin más, no sacan conclusión alguna al liarse de sobremanera hablando de pactos entre siglas y de líderes de escasa talla política. En general, la ciudadanía se está cansando de que el prurito de cada dirigente se anteponga al interés de los ciudadanos de España.

A la vieja y a la nueva política les une la inmadurez y la visión a cortísimo plazo, y, por supuesto, la indigencia intelectual de sus dirigenyes. Creen controlar los tiempos políticos; pero, su ambición impide medirlos con exactitud. Por su escasa capacidad para decidir, continúan dispuestos a no dejar gobernar a la opción que sigue ganando las elecciones. En su incoherencia prefieren caer en la intención de voto e insuflarse ánimos confiando en encuestas manipuladas. Los de Pedro Sánchez, tras superar el “sorpasso” del 26-J, aún estudian si unas terceras elecciones les permitiría sacudirse al moscardón de Podemos. Y del PSC nadie sabe de qué va.

Quienes venían a regenerar la política huyen de su responsabilidad y no sólo no asumen derrota, errores o estrategias fallidas sino que se empecinan en ellas. En ese ambiente, como nadie se baja del burro, salvo honrosas excepciones, el sentido común en España anda escondido desde hace tiempo.

Ese “culto al perdedor”, ensalzado por aquellos medios de comunicación que tratan de hundir al ganador, ha creado un frente mediático encabezado por las cadenas televisivas de Antena 3, La Sexta, Cuatro o Telecinco y sus correspondientes medios escritos así como determinadas emisoras y medios autonómicos. A los tertulianos les dominan sus fijaciones maniqueas y, en ese aspecto, los de La Sexta obtienen la mejor nota.

Sumisos ante la ideología, que les incapacita para analizar el momento presente, los perdedores mantienen su veto a Rajoy, sin saber cómo pasar del veto al voto y sin aclararse con la abstención o con el Sí, que pudiera contribuir a la gobernabilidad de España. Su negativa a negociar con Rajoy, no la entienden muchos de sus electores y su falta de pragmatismo no es bien aceptada en Europa. Sus fobias, cainismo y frikismo extienden la decepción por España.

Someterse o no a la sesión de investidura

En ejercicio de su función arbitral, el Jefe del Estado cumplimentó su ronda de entrevistas con los grupos políticos, excepto Bildu y ERC, y propuso la investidura de Mariano Rajoy como jefe del Gobierno. Tras la aceptación y posterior rueda de prensa de Mariano Rajoy, el resto de partidos lo criticaron y acusaron de no querer someterse a la sesión de investidura.

Sin despejar la duda de si Rajoy se presentará a la investidura o declinará hacerlo, desde el PP advierten que “antes de la coherencia jurídica está la política y la personal”. Pese a la claridad del artículo constitucional y a la propuesta del Jefe del Estado, sería posible el no comparecer.

Imagen de la investidura de Mariano Rajoy en el Congreso de Diputados, el 20 de diciembre de 2011. ¿Se repetirá la jugada?

Sobre la investidura, el artículo 99.2 de la Constitución señala: "El candidato propuesto conforme a lo previsto en el apartado anterior expondrá ante el Congreso de los Diputados el programa político del Gobierno que pretenda formar y solicitará la confianza de la Cámara".

Para el profesor Jorge de Esteban, con la previsión de una votación de investidura se exige que el Parlamento manifieste expresamente que otorga su confianza al gobierno, para que éste inicie su gestión con una situación política despejada y con la expectativa de poder gobernar con el suficiente apoyo parlamentario.

Como principio general aplicable a cualquier español, a nadie se le puede obligar a ir a la investidura -según Eduardo Vírgala, catedrático de Derecho Constitucional de la UPV. Para el Catedrático de la UB, Xavier Arbós, “no existen medios para obligar a cumplirlo”, ni mecanismos para poder sancionar al candidato si decide no ir a la investidura.

Para Miguel Revenga, la ortodoxia constitucional admitiría la renuncia a comparecer ante el Congreso si el candidato encontrase “dificultades políticas imprevistas a la hora de diseñar su programa de Gobierno o para encontrar al equipo encargado de ejecutarlo”. Para Vírgala, si el candidato no está en condiciones de someterse a esa sesión, debería comunicar su renuncia a la presidenta del Congreso y al Jefe del Estado.

Aunque el art. 99.4 de la Constitución habla de “sucesivas propuestas”, tras el fracaso en la investidura de Pedro Sánchez, el Jefe del Estado no realizó otra propuesta.

En medio de este panorama desolador, y en plena canícula, Mariano Rajoy negociará los apoyos necesarios para ser investido presidente y formar un gobierno en minoría, si le dejan. ¿Serán capaces Rajoy, Sánchez y Rivera de calibrar la gravedad de la situación y proceder a conformar un gobierno de concertación como hacen en otros países de Europa?¿O seguirán con las capulladas a las que nos tienen acostumbrados en los últimos tiempos?

Y así está el vodevil, con políticos que, de momento, no dan la talla, y que salen a escena para no decir nada coherente con las necesidades del país.

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