25/6/16

El mal menor ante el 26-J (I) Debate, grabaciones, Brexit y errores

Estos seis meses de campaña electoral que hemos sufrido los españoles nos ha mostrado la necesidad de votar como un mal menor, lo que no ha de implicar tener que caer en las garras del voto útil. Con una previsión de participación algo inferior a la del 20-D, hemos de plantearnos el votar en legítima defensa y en defensa de la vida, desde la concepción hasta la muerte natural, de la familia y de la libertad religiosa.

Instante anterior al inicio del debate televisivo del 13 de Junio de 2016 entre los cuatro candidatos a la Presidencia del Gobierno

En esta campaña electoral se han producido algunos debates televisivos en los que las actitudes de los candidatos, al margen de sus mentiras y de sus medias verdades, nos han mostrado sus grandes incoherencias respecto del pasado y la ausencia de ideas viables cara el futuro. En ese sentido, el debate televisivo del lunes 13 de junio fue un festival de postura, de falsedades sometidas a la pura demagogia y de promesas de imposibles cumplimiento. No importa que sean progresistas o conservadores, nacionalistas o constitucionalistas, indignados o no, parece que a ninguno de ellos le preocupa en demasía la inestabilidad política y el que se hayan tomado los procesos electorales como un entretenimiento semestral. Ha sido una campaña política de diversión mediática, a través de los programas de Entremedia y Mediaste, y que ha tenido en las redes un medio importantísimo.

Discursos con frases para enmarcar en los avances de los telediarios, afirmando intenciones políticas y atacando al resto de candidatos para marcar el terreno, tal y como han hecho siempre los animales. Mítines finales para apelar a la visceralidad de los votantes, pero sin capacidad para arengar con argumentos mínimamente inteligibles. Mítines a los que desplazan a sus colocados en instituciones para llenar el espacio y para que aplaudan cuando se les indique.

La poca seriedad de los líderes se patentiza en las líneas rojas y vetos que imponen. Vetar al ganador, si se trata del PP, para llegar a acuerdos contranatural entre los otros, sin el más mínimo respeto hacia los votantes de los candidatos vetados. Un politiqueo más propio de individuos cuya edad mental no se corresponde con su edad cronológica.

Encuestas, sondeos electorales y barómetros de opinión dibujan un panorama de millones de indecisos, de indignados y disidentes, que si practicaran la abstención y las urnas quedasen vacías dejarían en evidencia a unos políticos, carentes de vergüenza y dignidad.

¿Qué país puede aguantar una permanente contienda electoral a resultas de comicios generales, autonómicos, municipales, europeos, y las correspondientes repeticiones de elecciones generales o autonómicas? ¿Hay cuerpo electoral que aguante ese cansancio general? ¿Puede un elector tener interés en saber qué pasa con su voto y en mostrar inquietud ante la ausencia de políticas y responsabilidades de Estado?

Sin duda, desde posiciones antropológicas y nacionales, la ausencia de valores morales y de defensa de intereses nacionales y materiales de los candidatos y la incongruencia de sus discursos políticos, económicos, laborales o sociales, o su desprecio de la defensa de la vida y de la familia, obligará a muchos electores a votar el mal menor.

El caso Fernández Díaz y el Brexit irrumpen en campaña

Dos hechos han marcado las últimas horas de la campaña electoral: el caso Fernández Díaz y el Brexit.

Un escándalo como el de Fernández Díaz que, al margen del contenido infantil de las grabaciones, supone un delito de grabación ilegal y de difusión ilegal que debería tener su resolución en un Juzgado.

En el trasfondo de este asunto está el cargarse la Oficina Antifraude. En ello se encuentran ERC y CDC para que no les pase lo que al Klan Pujol. Para ello han utilizado sus “mortadelos” para espiar a políticos y soltar la información seis días antes de la votación electoral.

Imágenes de la campaña del Brexit

Por su parte, el Brexit es un brindis al sol, un auténtico tiro en el pie, para que el dinero huya por la inestabilidad política que genera y por la inseguridad jurídica que determina. Con una City londinense que representa el 12% del PIB británico y que ya ha tenido incidencia en los movimientos financieros del día después, con caídas en las Bolsas y elevaciones de las primas de riesgos de algunos países. La libra esterlina cayó el día 24 de Junio a su nivel más bajo en 30 años.

De hecho, el resultado del referéndum no es vinculante, el Parlamento británico deberá aprobar las leyes para la salida del Reino Unido de la Unión Europea de los 28. Deberá revocar la Ley de Comunidades Europeas de 1972 y el acuerdo sobre la salida deberá ser ratificado por el Parlamento. Y las Cámaras de los Lores y de los Comunes pueden votar en contra de la ratificación. También, el triunfo en unas elecciones generales de un partido comprometido con la permanencia en la Unión Europea podría considerar que el mandato recibido tiene más valor que el resultado del referéndum. Así las cosas, podrían pasar meses o años antes de la salida británica, como reconoce Matthew Elliot, líder de la campaña del Brexit.

Insistir en los mismos errores

En general, los candidatos siguen confundiendo derechos con prestaciones. Prestación de servicios básicos que quedan garantizados y prestaciones de servicios no básicos que dependerán de la posibilidad de dotación presupuestaria. Así de sencillo.

El chiste y el esperpento conforman la actual realidad política de la sociedad española. Unos políticos, a menudo, incapaces de comprender que si las familias, por regla general, gastan de lo que tienen, el Estado lleva décadas gastando de aquello que no tiene. Una deuda pública que ya es del 105% del PIB anual del país. Es decir, que la sociedad española al gastar más de lo que produce deberá plantearse seriamente el mantener niveles de austeridad hasta el 2050 para poder liquidar las deudas que tiene contraídas y no dejar la solución del entuerto a generaciones futuras.

La política, tanto la nueva como la vieja, ha carcomido a España en su intento de apoderarse de todos los poderes del Estado y del conjunto de la sociedad imponiendo un lenguaje y un pensamiento único determinado por aquellas “sociedades discretas”, cuya acción, entre mandiles, compases y triángulos, es guiada por el secretismo y la ausencia de transparencia.

El diario Expansión mostraba la evolución de la deuda española, un asunto para no tomárselo a broma

Recurrir como gran solución al Keynesianismo, versión neo, es no entender que esa teoría de fomento de la actividad nacional se dio en sociedades cerradas que permitían disfrazar el gasto en Inversión y eran sociedades sin deuda pública ni déficit exorbitantes como la Inglaterra de después de la I GM. En un mundo globalizado no tiene mucha cabida, ni en un país, como España, que en el 2017, dependiendo de quien gane las elecciones, puede situarse como un país riesgo y encontrarse con una Seguridad Social que podría colapsarse a finales de 2017 o principios de 2018, lo que llevaría a plantear el aumento de impuestos o la contención del gasto.

Acometer nuevos gastos, sin obtener nuevos y más recursos y sin acometer recortes en otros capítulos del gasto, es hacer más insostenible todavía la situación de España. ¿Cómo se mantiene esta situación de inflar la burbuja de la deuda, que arruinará a varias generaciones de españoles? ¿Por el dinero ilimitado sin control alguno vertido por el BCE? ¿Por el blindaje de la prima de riesgo?

Como en casi todo, existe una versión oficial de la riqueza de la nación que difiere de la real, que es un 18,7% inferior a la oficial. En 2015, el déficit, contando el agujero real de la Seguridad Social, no ha sido del 5,4% sino del 6,7%. La deuda total no es del 121% sino del 150% (la deuda Protocolo de Déficit Excesivo pasa del 99% al 127%). Y la presión fiscal no es del 38% si no del 47%.

Resulta patético, pues, que la oposición dirija su vista hacia otros países, como Alemania, Austria, Dinamarca y otros, para hablar de temas como la reforma laboral sin querer enterarse que estos países tienen una normativa mucho más liberal que la española.

En los últimos cuarenta años hemos podido comprobar que para la cosa pública no sirve todo el mundo y mucho menos los partidos políticos, incapaces de limpiar sus propios desmanes. Además de estar preparado, se ha de ser honesto y honrado y actuar conforme a unas mínimas reglas de honor. Por ello, sin titubeos, al que la hace se le ha de alejar para siempre del servicio público e inhabilitarlo para el ejercicio de cargos públicos.

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